Web oficial de Guillem López

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Para más información sobre mis novelas, proyectos, eventos y premios, os invito a pasar por mi web oficial:


Gracias y nos encontramos en los libros.



Challenger dice adios.

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Hola a todos.

Siento anunciar, por si no lo habíais notado ya, que esta bitácora está cerrada.

Con más de ciento y pico mil visitas creo que ha dado por cumplida su misión durante unos años, que fue acercarme a vosotros y viceversa.

Por otra parte, podréis encontrar novedades sobre mis novelas y otras publicaciones en mi web personal que os enlazo más abajo.

También aprovecho para presentar mi nueva novela, publicada en 2015 por Aristas Martínez Editores: Challenger, un vidas cruzadas que tiene lugar en un fantástico urbano localizado en la ciudad de Miami, la mañana en que tuvo lugar el accidente del transbordador espacial. Sé que os encantará o, por lo menos, la excelente acogida que está teniendo me lo hace sospechar.

Recordad, estamos en contacto, estéis donde estéis.

Click en la imagen para ir a mi web personal



Piensaciertos. Piensa y acertarás.

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Ha pasado mucho tiempo, lo sé, quizá demasiado, pero regreso por estos lares con una buena noticia bajo el brazo.
El pasado 21 de Diciembre de 2013 salió publicado, de la mano de Algón Editores mi nueva publicación: un libro muy especial titulado Piensaciertos. Y digo que es muy especial por dos motivos.

En primer lugar es un libro de aforismos ilustrado. ¿Aforismos? -os preguntaréis- ¿Quién puede sacar hoy en día un libro de aforismos? En plena era de redes sociales, Twitter y Facebook y tal y tal, he conseguido publicar un libro que se lee en veinte minutos pero que perdura en la memoria. Un libro que cumple su propósito: hacer mella con pocas palabras.

Por otra parte, Piensaciertos es una joya de la edición. Cosido a mano y con un papel de calidad. Edición numerada y limitada a quinientos ejemplares. Se ha puesto mucho mimo en su producción, desde mi libreta hasta la misma imprenta, así que no podéis dejarlo escapar.
Los Piensaciertos son aforismos hechos a mi medida, afilados, cortantes, hermosos y peligrosos a partes iguales. Espero que disfrutéis con ellos porque vendrán más en el futuro, lo prometo.

Interior de Piensaciertos



Ácronos. Antología steampunk.

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A partir del día 11 de febrero, y coincidiendo con la semana retrofuturista de Barcelona, saldrá a la venta Ácronos, una antología de relato steampunk en la que tengo el honor de participar con mi relato "Tuercas y tornillos".
La antología sale publicada bajo el sello Tyranosaurus Books y cuenta con las plumas, entre otros, de Víctor Conde, Miguel Aguerralde, Jesús Cañadas, Ángel Sucasas o Rafael González, entre otros.

Sinopsis:

Echemos un vistazo atrás, al siglo XIX y a su Época Victoriana. Inglaterra es la potencia mundial dominante, el carbón y el vapor son la tecnología más avanzada, la luz eléctrica comienza a sustituir a las luces de gas y la literatura de Julio Verne y H.G. Wells auguran un futuro emocionante y lleno de esperanzas…

En Octubre de 2011, de una charla entre dos autores de ficción surge la idea de tratar de darle un impulso a la literatura Steampunk en español mediante la creación de una antología retrofuturista escrita íntegramente por aficionados al movimiento, tanto autores profesionales como noveles.
Aquella idea se extiende por España y América, crece más allá de lo esperado y termina por convertirse en el libro que ahora tienes en tus manos, una recopilación de relato a la que hemos decidido llamar Ácronos, por su espíritu intemporal y por sus historias ambientadas fuera de cualquier corriente temporal.
Así, catorce autores de relato nos hemos unido para, sin dejar de mirar hacia el futuro, recuperar con nostalgia el Romanticismo ya perdido del siglo XIX, combinando lo mejor de dos mundos y dándoles cada uno nuestra particular vuelta de tuerca…
Esto es Ácronos.
¡Esto es Steampunk!

Trailer de B1TERMAN. De Santiago García Clairac

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Hola a todos.
Os presento la próxima novela del grande Santiago García Clairac, B1TERMAN. Saldrá a la venta el próximo 8 de Noviembre y me enorgullezco de haber compuesto la banda sonora para el trailer promocional.
Ahí os lo dejo. A disfrutarlo y a leerlo!!



Metalogopedia. Un nuevo blog para un viejo oficio

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No os había dicho todavía que tengo un nuevo blog en el que recupero y publico mis artículos de opinión libre y censurable. Lo abrí con la intención de separar mi saga fantástica Leyenda de una era y mis otros textos literarios, además de facilitar el acceso a los artículos que he escrito durante los últimos años.
Estáis invitados a pasar por: Metalogopedia.

Click en la imagen para ir al enlace



Reseñas y lectores satisfechos

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En Freak Fusión se hacen eco de mis novelas y me dedican halagos como: "Leyenda de una era es, a día de hoy, la saga más completa, intrínseca y absorbente que he leído hasta el momento."
Sin más os dejo con ella.
Gracias a Freak Fusión por sus palabras.




Click en la imagen para leer la reseña




Alguien tiene que empezar

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Homo homine lupus. Eso dijo Hobbes y no puedo estar de acuerdo con él y con su pesimismo machacón. Aunque en breve, en pocos años, o en unos cuantos que sabrán a poco, nos encontraremos en esa diatriba. Enfrentados los unos a los otros, los que se abren al cambio, a las posibilidades ignotas de lo que vendrá, y los que se cierran en banda y se aferran a lo que ya tienen, o lo que creen tener aunque sea de otros. Hoy los funcionarios cortaban la Castellana al asalto y algunos conductores se enfrentaban a ellos. El peor enemigo de un africano es otro africano. Protestar en un redil nunca fue tan difícil si los mismos que guardan el redil son tus vecinos. Algo debe cambiar, todo debe hacerlo, no por voluntad popular o divina, sino porque el modelo actual es insostenible, en lo social, en lo productivo y en lo económico.

Nadie dijo que los cambios vayan a ser fáciles. Me gustaría creer que todo es tan sencillo como meter una papeleta en una urna un domingo por la mañana, antes de comprar la prensa y tomar unas cañas, pero las cosas no son así, o no deben serlo. Nos hemos acostumbrado a que otros decidan por nosotros, a que otros elijan por nosotros, y va siendo hora de tomar la iniciativa. Pero eso tiene un precio y alguien debe pagarlo. Hay un dicho en Kenia: el que quiera miel que aguante las picaduras. Quizá en este momento ya no tengamos nada más a mano más que miel. No queda nada más, y las picaduras habrá que soportarlas antes de que el mundo se nos escape por el desagüe. Los cambios de la magnitud del que se avecina son violentos, dolorosos y sangrientos. No lo digo yo, a la historia me remito. Es de necios pensar lo contrario. Y es que todo gira en torno a tres puntos:

—Cambio de modelo productivo: desde hace bien poco comenzamos a sufrir las consecuencias de la globalización económica contra la que tantos protestaron y muchos más vieron por la televisión. Sí, la globalización era esto. Las fábricas cierran, las grandes superficies se hacen con todo, el fin de la agricultura y la pesca tradicional. Eso sí, podemos comprar pésimas imitaciones a China y alimentar su máquina de triturar trabajadores. No se pueden consumir productos que son manufacturados en una parte del mundo, enlatados en otra y consumidos en Europa. No funciona ni funcionará nunca. La búsqueda del precio más barato  provoca precariedad laboral en algún otro lugar, contaminación y el empobrecimiento y la destrucción del tejido industrial propio. Hay que ser más consciente de lo que consumimos y no ceder a las leyes del mercado, que se crearon para enriquecer a unos pocos en detrimento muchos. La industria se ha convertido en enemiga de lo artesanal, en paradigma del agotamiento de los recursos y de crecimiento desmesurado.

—Cambio en el modelo social: nuestras relaciones han pasado a definirse de la misma forma en que lo hacen las transacciones mercantiles. El beneficio y la pérdida forman parte de nuestra manera de ver el mundo y los lazos que nos unen con los otros. Ganar y perder, acumular, se convierte en la meta de una vida bastante breve. Tener y ser a través de lo que se tiene, son los patrones que nos diferencian los unos de los otros. Trabajar, consumir y poseer nos han alejado del hecho social a pesar de vivir en núcleos urbanos cada vez más grandes. Estamos más aislados y alejados de las responsabilidades de vivir en comunidad. Hemos abandonado a la legislación prohibitiva nuestras normas de convivencia y el gobierno a unos desconocidos con intereses económicos propios. Durante el último siglo nos hemos acostumbrado a delegar en representantes políticos y sindicales nuestra responsabilidad. La comunidad ha dejado de ser una parte importante de nuestra vida social para convertirse en un estorbo, una carga. Consentimos que otros gobernasen a cambio de vivir en relativa calma, sin demasiadas preocupaciones ni agobios, soportando los abusos del poder, los mangoneos de esa clase política que nosotros mismos ascendimos al olimpo de lo podrido. Recuperar la responsabilidad civil es luchar contra la pereza de ser consciente, coherente, y tomar partido de forma activa. Requiere un esfuerzo.

—Cambio en el modelo económico: la economía gobierna nuestras vidas, esa es la verdad. Pero se puede abandonar el modelo económico actual. El único futuro posible es el que pasa por las pequeñas comunidades autogestionadas, el consumo local, el uso coherente de los recursos, las energías renovables. El dinero carece de sentido llegados al punto en el que nos encontramos, en el que el sistema se articula en torno a la deuda y a especulaciones capaces de moldear continentes enteros a su antojo. Redefinir el sistema implica redefinir los principios y la moral personales. Es fácil ir a un supermercado y encontrar los estantes llenos de comida enlatada y perecederos que esa misma noche acabarán en los contenedores de basura. Eso no es sostenible. Nadie en su sano juicio podría creer que los grandes centros comerciales perdurarán en el futuro. El cooperativismo, el comercio justo y responsable, es la única manera en que funcionarán la nueva sociedad que necesitamos.

Visto esto, y contra todo pronóstico, uno piensa que estamos de suerte. El optimismo es la única salida. Y es que nunca en la historia había tenido la población un nivel de educación igual ni una cantidad tal de avances tecnológicos a su alcance. ¿Es otro mundo posible? No sólo es posible, sino que es obligatorio, pero nadie dijo que fuese tan fácil como bajar al Mercadona a comprar Aspartamo para tus hijos o ir a votar en las elecciones europeas, esas cosas no cambian el mundo, ni de lejos. No ocurrirá hoy, ni mañana, pero algún día, en algún lugar, el sistema se romperá y se vendrá abajo. Quizá pasen algunas décadas, un par de generaciones y nosotros no lleguemos a ver el final de todo, pero ocurrirá, eso nadie puede detenerlo.

Hay una fábula japonesa que dice lo siguiente: había una aldea que vivía a la sombra de una gran montaña. El sol nunca tocaba con sus rayos la aldea porque la montaña lo impedía. Todos los ciudadanos habían aceptado con resignación ese hecho; nunca podrían deshacerse de la montaña. Pero un día cualquiera, un viejo salió con una cuchara en dirección a la montaña. ¿A dónde va, viejo? le preguntaron. Estoy harto de vivir en la sombra, respondió, voy a excavar la montaña con mi cucharilla para dejar pasar la luz del sol. Todos se rieron de él. ¿En serio pretendes hacerlo tú solo con una cucharilla? No, respondió él, pero alguien tiene que empezar.

El leal, el temeroso y el idiota.

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Me molesta una creencia bastante absurda que corre por ahí (redes sociales dixit), referente y referida al arrepentimiento de buena parte del electorado del Partido Popular. En los últimos meses he leído despropósitos a mansalva, casi todos impregnados de revanchismo y mala leche. Comentarios que me recuerdan la poca educación política que sufrimos en España, la poca visión de miras, lo limitado del electorado y el mal pronóstico en lo social si no mejora, y mucho, la concepción de lo social.

Para empezar, entre los no votantes del partido en el gobierno, se extiende la creencia de que muchos de sus partidarios se han arrepentido de su decisión debido a: los duros recortes en educación y sanidad, la poca mano izquierda (nunca mejor dicho) frente a los medios, la escasa educación democrática en el congreso, los silencios de su presidente, el despectivo trato a la oposición, los procesos abiertos por corrupción y financiación ilegal,… Y así es que corren por ahí montajes fotográficos y demás chascarrillos multimedia que se resumen en una frase: ¿Votaste al PP? Pues te jodes.


Y ¿por qué?, me preguntó yo. ¿Por qué un votante debería de sentir aversión por su propia postura política? ¿Por qué debería avergonzarse de lo que votó y alinearse con aquellos que lo acusan de todos los males de su país y de las peores decisiones que se toman hoy en día? Y lo más importante: ¿puede ocurrir eso en España?



Visto lo visto y masticado lo masticable, resulta que es una falacia bastante gorda, además de una visión muy limitada de la realidad, que los votantes de un partido se arrepientan de su elección. El voto de castigo en el estado Español es un hecho anecdótico, una minucia con la que los partidos no cuentan, especialmente en el centro-derecha. Valgan como ejemplo las pasadas elecciones autonómicas o municipales, especialmente en el País Valenciá, donde el partido gobernante se encontraba acorralado por una mala gestión, escándalos de corrupción, etc… Que uno lo haga mal no le asegura al rival la victoria, especialmente si el rival resulta ser un mediocre oponente.

Eso me lleva a las tres justificaciones que encuentra el desesperado votante de izquierdas para encontrar un sentido a sus caceroladas y demás expresiones de rabia y desesperación. A saber: la lealtad, la idiotez y el miedo.

La lealtad: España es un país de bandos, tribus, pandillas, partidos y amiguetes. No importa lo mal que lo hagan los míos, los otros son peores. Defender lo indefendible sin importar la mentira. Y si se defiende a base de gritos en la puerta de un juzgado, a la salida de la cárcel o en un estadio de fútbol mejor que mejor. El fantasma de las dos Españas sigue presente, pero en caleidoscopio psicodélico que da nauseas al marinero más pintado. Esta definición sirve tanto para los guerracivilistas, como para los aficionados al deporte rey, que pueden hacerse fuertes tras el dedo de Mou o los salivazos de Stoichkov, no importa, los otros comenzaron.

La idiotez: El votante es idiota hasta el tuétano. Es cierto, mucha gente piensa que los votantes del bando contrario son lelos, porque, evidentemente, les engañan, les mienten, les utilizan y son culpables de los males que sufrimos el resto. Si tenemos en cuenta que, votantes de PP y PSOE en su conjunto, no llegan a los quince millones de españoles, no deja de ser cierto que una minoría gobierna el destino del resto, y bastante mal por cierto. Nadie se ha parado a pensar que, quizá esos votantes están convencidos de que las medidas que toma su gobierno son las necesarias y obligadas para sacar a España del pozo (ya no es un bache) en que la han metido esos mismos personajes encorbatados en los que delegamos nuestra soberanía.

El miedo: Esta es, sin dudas, la justificación más utópica y romántica de todas. Y es que los votantes conocen la realidad de lo justo y correcto, lo bello y lo sublime que diría Kant. Pero hay miedo, mucho miedo. Asomarse al precipicio de lo desconocido nunca fue plato para el vulgo. Los sistemas sociales se rompen en última instancia cuando ya no pueden soportar más las tensiones provocadas por su propia existencia. La desigualdad, la impermeabilidad de los estamentos, la fuerza del individuo y sus expectativas personales y sociales,… Llegados al clímax de esa pasional historia de celos y amores no correspondidos, los modelos políticos, sociales y económicos se rompen, por sí mismos, y surge algo nuevo, algo diferente. Pero… ¿quién quiere dar el primer paso? Antes de saltar al agua, las ratas se aferran al mascarón de proa que zozobra, esa es la realidad. Así que miedo, mucho miedo a dar la espalda a los que nos explicaron cómo era el mundo en que vivimos y cómo debíamos comportarnos según sus reglas.

Las pasadas elecciones en Grecia demuestran que el pueblo todavía confía en una solución política, en un tratamiento que duela, pero no mucho, que todo vuelva a ser como era, con sus bancos, sus préstamos, su seguridad social, su televisión por cable, sus barbacoas los domingos… y no se le puede culpar por ello. ¿Quién no quiere vivir tranquilo, ajeno a revoluciones y nuevos paradigmas sociales y económicos que llevará décadas asentar y ajustar?

Atacar a los votantes en Grecia es como atacar a los votantes en Andalucía, y eso nos pone en el mismo bando. Así pues, por favor, no juzguemos a los que votaron por el inmovilismo político, por la continuidad económica, por darles un voto de confianza a los plutócratas que nos gobiernan. Quizá dentro de unos años, necesitemos esos votantes para construir una sociedad mejor, más justa.

¿Preguntas?

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¿Por qué no te sientas y escribes un rato? ¿No puedes escribir nada? ¿Es por eso que dicen en la televisión? ¿Te cuesta dormir? ¿Tú también tienes hipoteca? ¿Qué quieres decir? ¿Tienes miedo? ¿Qué puede salir mal? ¿Demasiadas cosas? ¿Deberías mirar a otra parte? ¿A dónde? ¿Y si te sientas y escribes un rato? ¿Por qué va a ser una perdida de tiempo? ¿Preferirías hacer otras cosas? ¿Te gustaría quemar un banco? ¿Es un delito grave? ¿Sí? ¿Has leído el código penal? ¿Sabías que España es uno de los países con mayor población reclusa de Europa y donde más fácil resulta acabar entre rejas? ¿No te importa? ¿En serio? ¿Qué ocurre? ¿Comienzas a estar harto? ¿Harto de qué? ¿Crees que es responsabilidad tuya?  ¿Qué otra cosa puedes hacer? ¿No dijiste que ya no creías en la violencia? ¿Estabas equivocado? ¿Cómo sabes que no estás equivocado ahora? ¿De veras no te importa? ¿Por qué no te sientas y escribes un rato? ¿No? ¿Qué hay de aquella historia de aventuras que tenías entre manos? ¿Por qué no tiene sentido? ¿Y qué importa si el mundo cambia? ¿Los libros deberían ser una llave a la nueva consciencia social? ¿Qué nueva consciencia social? ¿Te lo has inventado? ¿No crees que exageras? ¿Por qué no escribes otra novela de aventuras, siempre quisiste escribir una novela de aventuras? ¿No quieres permanecer al margen? ¿Qué tiene que ver eso con la violencia? ¿Es más seguro ser violento desde la literatura? ¿Esperas cambiar algo? ¿Has cambiado? ¿No estás exagerando? ¿Alguien debería hacerlo? ¿Y por qué tú? ¿Por qué no? ¿No crees que es un poco radical? ¿El sistema también es radical? ¿Acaso confías en los sentimientos del capitalismo? ¿Sabes lo que eres? ¿Lo sabes? ¿Por qué no te sientas a escribir un rato? ¿Y si sólo es un bloqueo más? ¿Y si todo el mundo está bloqueado? ¿Lo has pensado? ¿Te has dado cuenta de que eres un cínico? ¿Debería asustarme? ¿Están asustados? ¿Por eso somos todos iguales? ¿El miedo nos hace iguales? ¿Que éramos iguales en otra parte? ¿Lo sabes? ¿Quizá en el parto y en la muerte también? ¿No deberías ponerte a escribir esa bonita historia en lugar de perder el tiempo en tribulaciones estériles?


Deja de pensar y ponte manos a la obra.

Star Wars y el budismo zen. Una conferencia.

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El domingo 10 de Junio a las 11:30 de la mañana, llevaré a cabo mi conferencia sobre Star Wars y el budismo zen en el auditorio de La pérgola de Castellón. La entrada es gratuita.



Próximamente más fechas sobre esta interesante charla que me llevaré de gira el próximo verano.

No disparen al escritor

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Ayer di con la frente en la libreta, con las arrugas en la espiral de alambre, con el cejo entre líneas imposibles de esnifar. Ando atribulado en imágenes de historias que posiblemente no llegarán a existir, brumas de cosas que ocurrieron y olvidé, deseos no cumplidos y secretos por confesar. Así es esta profesión, una gran mentira, una mentira profesionalizada, un embuste casi tan oficial como el debate sobre el estado de la nación. Y digo que di con la derrota en la trinchera de lo literario porque tras leer la prensa, ver las noticias, salir a la calle, intuir la tormenta en el horizonte de lo previsible, una duda se me vino encima tal que una borrachera adolescente: ¿Es posible escribir ficción durante la actual situación política y social que vive, no sólo España, sino Europa, el mundo conocido? ¿Resulta ético?

Siempre he pensado que el artista tiene un vínculo ineludible con lo que ocurre a su alrededor, no hablo ya de la obligación de ejercer de vocero, de catalizador de esa corriente imparable e incomprensible que es la sociedad que lo rodea. Ser permeable, hoy en día, resulta un deporte arriesgado y, sobretodo, doloroso.

Volver la mirada a otro lado es un ejercicio de cinismo que no satisface a nadie. El mundo está cambiando, o debería de hacerlo. Más que probablemente, ninguno de nosotros veamos lo que vendrá después. El imperio romano cayó en algo más de un siglo; la revolución francesa dio al traste con los privilegios de una clase e instauró un nuevo sistema político, pero en el proceso vivió tres revoluciones más, la restauración y varias guerras por toda Europa; el neoliberalismo no será diferente, no debería serlo. Tomar perspectiva y comprender los movimientos sociales y políticos a lo largo de la historia me hace sentir un miserable, un insignificante actor que se esfumará en las páginas de la crónica, ocurra lo que ocurra; de la misma forma que le pasó a los anónimos que murieron en la toma de La Bastilla; de la misma forma que los obreros creyeron las utopías postcapitalistas; de la misma forma en que Jean Valjean renuciaba a su pasado para construir un mundo mejor. Aunque eso no era posible, renunciar al pasado, construir un mundo mejor.

Cada vez que me siento frente al teclado y me preparo para asaltar una nueva novela, me sobrevuelan las sombras de preguntas de difícil respuesta que no dudarán en repartirse mi cadáver antes de que caiga la noche. ¿Puedo ser mejor escritor? ¿Es esta mi aportación al panorama literario? Quizá suene pretencioso, pero uno, a veces, debe echar a correr, saltar, ponerse a prueba para dar con los huesos en el suelo, tropezar con las palabras y deshollarse la piel de las manos de tramar y trazar mejores historias con mejores propósitos. ¿Cuál es mi papel en esta representación que, de todas todas, me supera con creces? No se crean que es algo que va con el contrato editorial que uno firma con el diablo el día en que decide ser escriba de cara a la galería. Se podría escribir una historia ya contada, una de amor, una de misterio, con personajes que viven aventuras y un conflicto interior de manual, una estructura aristotélica, un argumento poco original, un pasatiempo, un entretenimiento, un sudoku literario. Pero de nuevo me siento un miserable cuando me encuentro ante tal laberinto, ¿para esto puse las yemas de mis huevos en la asdfg y en la poiuy? Miserable, qué miserable profesión la de maestro de ceremonias frente a un gallinero colocado de televisión y fuegos artificiales.

En mi próxima novela, que espero aparezca publicada en breve, me pregunté ¿es otro mundo posible? ¿hay lugar a un nuevo hombre para un mundo nuevo? A veces siento que confío demasiado en esta especie, en su futuro, en sus posibilidades. Me echo en cara el optimismo de mi antropología; nada depende de nada y la extinción es un más que probable final en los eones del tiempo. Y sin embargo, uno sigue escribiendo y huye hacia delante, de las historias aparentes, de los prejuicios establecidos, del entretenimiento vacuo, de las formas y estructuras que otros exploraron. Escribir es ponerse en el lugar de otro, apuntar una flecha al cielo, dar impulso a los sentimientos y propósitos que todavía no se entreven en las brumas de lo probable.

Hay que ser mejor por amor a esta profesión, por amor propio. Nada tendría sentido de otra forma.

Salto al vacío

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Salto base, salto adelante, salto al vacío, salto de fe. Quizá no hay más definiciones para los actos obligados por la determinación. Pero, ¿es la determinación un engaño, una quimera, un lugar común del que es imposible deshacerse por mucho que intente hundir los pies en el suelo?

La literatura es una putada. El escritor está jodido desde que pone la primera palabra de ese relato, novela, obrita corta, poema retriste y dolido. Porque cada paso es un tropezón, aunque a veces se confunda con un salto, las zancadillas con empujones, el mundo que observa con un muro impertérrito a los esfuerzos y desvelos de la soledad autoimpuesta. Son las cadenas de la comidilla inconsciente, la fe que cuesta perder, el vano intento de ser lo que el ego dicta, lo que uno desea, aunque sea imposible. La meta no se alcanza en vida, eso es lo único cierto. Por mucho que uno lo intente, no hay otra meta que sentirse satisfecho al final del día, cuando uno apaga el procesador de texto y siente que podría hacerlo mejor, que muchos otros lo hacen mejor.

Por eso es que el escritor se lanza al vacío una vez más. He puesto mucha fe en mi próxima novela. Mucha fe de la vieja, de la que uno lleva tatuada sobre las cicatrices y los desengaños; la clase de consejo que uno no daría a otro que no fuese enemigo; el tropiezo establecido por decreto; la valentía que obliga a sacar pecho -un pecho desplumado, huesudo, roto y mal curado- una vez más y lanzarse a la batalla.

Hay que vivir de las letras o vivir con ellas a cuestas. Es algo inevitable.

Por eso, a partir de mañana, salto al vacío y abandono mi trabajo remunerado en pos de un tesoro bajo mi teclado. Buscaré bajo la X.

Vivir de los royaltis de mis obras resulta un espejismo que deja sediento incluso al anacoreta más pintado, y yo, desde hace años, vivo pintando en las paredes de cuevas las sombras de mis sueños, las pesadillas que hechas palabras aparecen en mis libros.
Llegará el futuro. Llegará. Y como dijo Pavese, "vendrá la muerte y tendrá tu rostro". Siempre me gustó ese poema. Tal vez porque cuanto más escribo más desnudo la verdad de la literatura, la verdad de la mentira.

No hay otra meta que no sea esta. Aquí y ahora.

Entrevista en el blog Mesándome las barbas.

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Aquí os dejo una extensa entrevista en que respondí una buena batería de preguntas. Literatura y todo lo otro.
A veces parece que escurro el bulto, pero es que soy un tipo escurridizo.
Espero que os guste.

Pincha en la imagen para leer la entrevista


Llega Ilusionaria 2. El arte por una causa justa.

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En breve saldrá a la venta Ilusionaria 2, una antología que recoge un gran elenco de escritores patrios y dibujantes por una causa justa y justificada. No lo dejéis pasar, sienta bien por dentro y por fuera.






El proyecto Ilusionaria sigue su camino; si con el primer libro de cuentos su función era ayudar a la asociación Matrioska Fons Mellaria para traer niños bielorrusos afectados por la catástrofe de Chernóbil a nuestro país para su descontaminación, en esta segundo volumen el dinero recaudado irá íntegro para una causa igualmente noble: ayudar a Abraham Presa Alba. Hace casi año y medio que la familia de Abraham sufre una agonía a causa de que al pequeño, de seis años, se le diagnosticó Adrenoleucodistrofia (www.unmilagroparaabraham.com). La única manera de ayudarle es con una operación muy costosa de médula irrealizable en Europa, por lo que el niño debe ser operado en Estados Unidos. Estos gastos son inalcanzables para cualquier familia media.
Juan de Dios Garduño vuelve a coordinar de nuevo el proyecto, en esta ocasión al frente de otros veintidós grandes ilustradores y veintidós impresionantes escritores, algunos de afamado prestigio, como el periodista y escritor Juan Gómez Jurado.
El listado completo junto con sus biografías se puede visitar aquí: http://ilusionaria2.blogspot.com/ , blog creado para la difusión, información sobre pedidos, presentaciones, etc., del libro.
La fecha de publicación está prevista para Junio de 2012. Desde Ilusionaria queremos cumplir otro sueño más. Entre todos podemos conseguir que Abraham tenga un poquito más cerca ese trasplante y hacer feliz a una familia que ya ha pasado por demasiadas penurias. Esto es ilusión, esto es Ilusionaria.

Carambola de reseñas.

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En las últimas semanas han aparecido dos reseñas, una por cada una de las partes publicadas por el momento de la saga Leyenda de una era.


Halagos vehementes sobre La guerra por el norte se escuchan en el blog literario Mesándome las barbas.


"¡Venid hermanos, lectores de fantasía! Acercaos a mí y dejadme presentaros una historia que marcará un antes y un después."



Y por otra parte, una excelente reseña que se deleita con los personajes y las tramas de su continuación, Dueños del destino. En esta ocasión a cargo del blog Trazos en el bloc.

La Guerra por el norte” es de lo mejor de la fantasía épica española pero es que “Dueños del destino” es mejor. Me explico. En las primeras partes el autor pone todo su saber, su arte, su ilusión y corazón en un proyecto novel que no sabe cómo será acogido. En las segundas partes ya sabe este resultado y puede relajarse y escribir, más o menos bien, esperando el desenlace de la historia, o bien intentar mejorar esa obra, escribir mejor, desarrollar la historia, seguir desenvolviendo la trama, cuidar los personajes, en definitiva, dar mayor profundidad y creatividad a la historia: eso precisamente ha hecho Guillem 



Y esto es todo por hoy. Agradecer a los blogueros sus palabras y el tiempo dedicado a mis novelas. Siento ser tan breve. Espero traer más noticias en breve.



El Titanic navega de nuevo.

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El centenario del hundimiento del Titanic me viene de perlas para retomar este nuestro blog. La verdad es que en los últimos meses lo había abandonado al ostracismo literario. Así que regreso, sin fuerzas renovadas, sin entusiasmo nuevo, sin un mensaje esclarecedor, sin una verdad ontológica, sin nada más que las letras, puestas una tras otra.

A tiempo pasado es fácil analizar lo ocurrido, tomar las huellas del crimen, hacerse una idea de los errores y las faltas, los aciertos con que uno desmenuza la tierra en que sembrará el futuro. En estos meses pasado me centré en dos cosas: no morir, espiritualmente hablando, y acabar mi próxima novela.

Respecto a la muerte, qué puedo decir si ya lo dijo todo Pavese. Repasen las entradas anteriores si quieren hacerse una idea de cómo me siento cuando el trabajo remunerado interfiere en mis labores literarias. El viaje de Frodo hacia los fuegos eternos de Mordor no es nada comparado con mi estado de ánimo cuando suena el despertador. Sí, lo sé, soy un exagerado, pero no me canso de repetir, ¿qué importa la realidad cuando los sentimientos sobre la percepción de la realidad son los que determinan nuestro día a día? Así que, esa era la muerte espiritual, la física es más silenciosa y, sobretodo, paciente.

Mi próxima novela. Desde hace años, una idea recurrente revoloteaba en torno a mis desvelos. Yo quería escribir una historia dentro de una historia, de hecho, quería escribir muchas historias que coincidiesen en el tiempo con un gran suceso popular. Me atraía la épica de los hechos históricos que, debido a su repercusión, imprimen su huella en el imaginario colectivo. Y desde niño, tenía claro cuál sería la chispa que encendería esta fogata. Resulta algo de los más incómodo, llevar a cuestas la necesidad de escribir un libro. Digamos que esta novela germinó incluso antes de saber que era escritor.

Sin embargo, había que dar cuerpo y fondo a la idea, qué digo, a la intuición que debería convertirse en idea. A veces uno se devana los sesos, recreando una historia, buscando tramas y argumentos, arquetipos, y luego resulta que la ficción estaba ahí, esperando agazapada. Son las historias las que nos eligen a nosotros, después hay que estar a la altura y ser una buena pareja de baile. Así que me puse a divagar sobre lo que merecía mi novela.

Más madera, es la guerra...

Personalmente creo que la novela es la mayor y más perfecta expresión artística. En sus páginas, el autor trata de atrapar la realidad, con todas sus consecuencias. Encerrar, entre cubiertas encuadernadas, una porción del mundo. Y con ese pensamiento me puse a diseñar los planos que debían poner la arquitectura y después la fachada de tal obra. ¿Qué es la realidad? ¿Acaso no es cierto que lo real son infinitos puntos de vista que puestos de acuerdo forman un puzzle incomprensible? Lo real escapa no sólo del entendimiento humano, sino también de su ángulo de visión. Lo real es tan subjetivo que no existe.

Con este planteamiento me demostré, por si no lo tenía claro a estas alturas, que lo fantástico y lo real son, exactamente, la misma cosa. La pregunta, ¿qué es lo real? me empujaba a infinitas posibilidades en lo literario. Escribiré una novela en que lo real y lo fantástico compartan el espacio y el tiempo, me dije. Y además, la estructuraré de la misma forma en que la realidad se estructura: fragmentada, rota, parcial.

Unos cuantos meses después, algunos más de los esperados; con las lágrimas y el sudor y la sangre y el miedo al fallo, por dentro; he escrito el libro que me persiguió de la mano de mi sombra. ¿Qué puede ocurrir ahora? Eso no lo sabe nadie. Después de la siembra, llega la espera. Así que me sentaré con los pies en alto mientras espero que mi huerto germine.

Actualizando.

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Tengo el blog abandonado, hecho un desastre, el polvo se amontona en los rincones y se me oxidan los artículos que dejé bajo las goteras. Hay que ser sincero. Confieso que ando liado con mi próxima novela y se me escapa el tiempo por el desagüe de las obligaciones cotidianas. Sin embargo me encuentro satisfecho, mucho, pues el esfuerzo vale la pena y el fruto promete ser de lo más dulce.
En espera de otras noticias os adelanto:


Reseña de Dueños del destino en la página Ociozero:




"conforme pasan las páginas el libro va cogiendo más fuerza, el ritmo aumenta y cada vez cuesta más despegarse de la novela"


Otra reseña de La guerra por el norte en Un mar de páginas:




"Una aventura épica trepidante, repleta de acción e intriga, que ansiarás revelar a todo el mundo."

Suficiente autobombo. Ahora un autor valenciano que publica su primera novela en la editorial Paimés. Javier Pellicer nos presenta El espíritu del lince, una aventura en tierras valencianas durante la segunda guerra púnica. No lo dejéis escapar.



"Desde el momento de su nacimiento, Icorbeles es marcado por los dioses como el Elegido. Con esta idea en mente, sus padres comienzan a prepararlo para que se convierta en el líder que unifique todas las tribus de Iberia. 
Ese destino lo separa de todos excepto de Alorco y Nistan, dos niños cartagineses que, ante las derrotas sufridas por Cartago frente a Roma, buscan refugio en Iberia. Esa amistad le hace conocer no solo el amor, sino también los planes de conquista de Amílcar Barca, que desea anexionarse las tierras íberas con el fin de seguir plantando cara a los romanos.
Es entonces cuando intenta hacer realidad los presagios anunciados en el momento de su venida al mundo, pero tropieza con los miedos y rencores de las diferentes tribus íberas, que impiden que puedan unirse contra un enemigo común. Aun así, utilizando el ingenio y el valor, Icorbeles está a punto en varias ocasiones de poner fin a un conflicto que amenaza con hacer desaparecer para siempre el mundo que conoce.
Pero los designios de los dioses son esquivos, y no siempre somos capaces de comprender sus mensajes…
Con su primera novela, Javier Pellicer nos sumerge en un momento apasionante de la Historia: la llegada a la península ibérica de los ejércitos cartagineses al mando de Amílcar Barca y su famoso hijo, Aníbal, tejiendo un relato de pasiones y luchas sin cuartel, que desemboca en un final sorprendente."



Pronto, ¡más noticias!

Internet os hará libres.

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A veces pienso que nada tiene sentido. No es por ponerme postpunk nihilista, lo mío es mucho más positivo y, sobretodo, creativo. Es porque en el ring de las cavilaciones matinales —las que uno utiliza para evadirse del trabajo monótono y sentir que no está allí, que no lo hace por dinero, por tan poco— lo relativo resulta un oponente cojonudo. Y es que, mientras el minutero recorre su dubitativo paso sin prisa, uno piensa muchas cosas. Piensa en novias que regresan de lo pretérito, en facturas y recibos, en personalidades ególatras, en novelas posibles y relatos abandonados, en el futuro de una sociedad que se va a la mierda en el tobogán de lo económico. Aunque, como digo, lo relativo aparece y, con un imposible juego de pies, nos pone patas arriba toda razón; sin esperarlo, uno acaba en el suelo y se pregunta: ¿por qué me habré levantado esta mañana?

Toda esta perorata sobre recibos y relativismos viene a cuento de dos cosas que ilustran, si es eso posible en alguna medida, lo que las conexiones neuronales de mi cerebro provocan en ocasiones.
En primer lugar. Telenoticias de La Sexta. Por enésima vez se nos advierte de la ola de frío que se nos viene encima. Entrevistan a lo que suponemos son seres humanos embutidos en abrigos, gorros, bufandas, guantes y vuelta a empezar. La pregunta es necesaria. Hace un frío del carajo. Una de las entrevistadas es una guapa joven que despliega una amplia sonrisa que ilumina todo.

—¿Frío? —dice—. Bueno… yo es que me crié en Siberia, así que… tampoco hace tanto frío…

En segundo lugar. Documental sobre la geología del planeta Tierra en La 2. Muestran con imágenes digitales —cuya calidad no entraré a juzgar— lo que será el planeta tierra dentro de cien mil años. Ya no hay seres humanos y sus huellas apenas son fósiles que casualmente se encuentran en el fondo de nuevos océanos, en lo alto de nuevas montañas. Los continentes han cambiado; África y Europa se han unido; ha sobrevenido una nueva glaciación; no hay ciencia ficción especulativa, sólo datos.

Así es que me encuentro yo doblando el lomo, con las manos entumecidas por el frío matutino, las rodillas encogidas, los riñones rotos, el apetito extraviado, la imaginación por montera… trabajando en un trabajo como el de la mayoría de la población occidental, remunerado. Y me digo, es un decir, de forma ceremoniosa, casi trascendental: Ahí está la relación entre la chica hermosa que no tiene frío y el planeta dentro de cien mil años.

Un lunes cualquiera.
Hay dos cosas que sirven de alimento a la sabiduría y de veneno para la megalomanía a la que nos hemos acostumbrado los seres humanos. Y es que, para empezar, todo es relativo, especialmente el frío y todo lo demás cuando lo comparamos con el planeta en que vivimos. Si los conflictos entre pueblos, la guerra y la economía global pierden mucha de su importancia, los problemas del día a día, las reuniones de vecinos, el trabajo lo haya o no—, las discusiones y el tráfico en la circunvalación resultan, como poco, ridículas. Mientras que, por otra parte, todo pasa. Nosotros, nuestros seres queridos, todo lo que conocimos alguna vez, todo lo que creamos y creímos desaparecerá consumido por el tiempo.

Quizá he sufrido un ataque de jipismo o de espiritualidad new age, pero lo cierto es que comienzo a estar cansado de tanto estulto encorbatado que legisla nuestro futuro a base de latigazos neoliberales. ¿Para esto bajamos del árbol? La evolución, gracias a la sociedad que sufrimos, es, cuanto menos, decepcionante. La moral continúa guiando nuestra vida, o guiando la de aquellos que nos gobiernan. No se busca lo mejor sino lo que a mí me parece mejor, lo cual resulta bastante limitado.
Después me vence el desánimo y me siento entristecer un poco, no mucho, sólo lo acostumbrado. Es una especie tan temprana, tan inmadura. Para aliviar mi sufrimiento empático me da por imaginar un salvador, un mesías que dará a la gente la ansiada libertad. ¿Es el nuevo salvador la tecnología, los avances y las comodidades que el mercado guarda para unos pocos? ¿Es posible que exista en el mundo lo que nosotros deseamos que exista? ¿Se puede detener el hombre y pensar, sin prejuicios, en la posibilidad de mejorar, de ser mejores? Sin embargo, habrá que luchar para conseguir ese nuevo estatus de ser pensante, además de sensible. La pregunta que me viene a la mente, ausente a las labores cotidianas, a lo aburrido de ser uno más de millones, es: ¿existe vida inteligente en La Tierra?

Me gustaría pensar que todo es fruto de un error, una broma pesada, pero no es así. El mundo está enfermo, intoxicado de seres humanos que no sabe cómo sacarse de encima. Aunque todo llegará. Tal vez algún día desaparezcan las barreras separadoras y se conviertan en puentes. Quizá cuando comprendamos que el frío es relativo, que en el futuro todos los continentes se unirán en una segunda Pangea, que nuestro planeta es diminuto y nuestro tiempo ínfimo además de limitado. Mientras tanto, el Homo Habilis se asoma a la entrada de la cueva y observa el mundo que conoce, con respeto, pero sobretodo con terror ignoto.






Si la montaña se te viene encima, es culpa de la fe.

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El movimiento escéptico sale a la palestra para defender las buenas costumbres de la ciencia y enfrentarse a agoreros y falsos profetas de la adivinación y la superchería. Afortunadamente, en los tiempos que corren, siempre hay alguien dispuesto a salvarnos de la ignorancia, de la estupidez congénita o de las llamas eternas. El movimiento, que no gusta llamarse movimiento aunque se mueve, recoge firmas y planta cara a las reuniones de pseudocientíficos, charlas sobre homeopatía, psicomagia, chamanismo, videncia y demás palabrejas que caben en el cajón desastre de los pobres crédulos supersticiosos. Y es que los pseudocientíficos —disculpad que utilice tanto esta palabra, pero es que me resulta especialmente grotesca y malsonante— se habían colado en las universidades, dando por válidos muchos de sus no-validados planteamientos y consiguiendo créditos de libre configuración en asignaturas tales como: radiestesia o constelaciones familiares.

Antes de pasar a la polémica, debo decir que mal están las cosas si los científicos deben defenderse ante el intrusismo profesional de hechiceros y demás cantamañanas. Especialmente en un país cuyos ministros juran su cargo sobre un libro sagrado bajo el crucifijo en que fue sacrificado el hijo de Dios, el único y verdadero, claro. Cómo han cambiado las cosas. Resulta que, cuando parecía que habíamos entendido de qué iba todo, que si el universo, que si los átomos, que si la conexión ADSL, que si los experimentos con cepas de gripe aviar… después de todos estos caballos de Troya que nos soltaban con cuentagotas en los noticiarios, la grey de simios recién bajados del árbol, que apenas ha aprendido a limpiarse el culo con hojas de cocotero y utilizar su recién adquirido IPad, todavía cree en milagros y pantomimas. Y es que la fe mueve montañas y la dinamita las pulveriza.

Personalmente creo que los científicos debería de estar agradecidos a la superstición que subyace en las costumbres y comportamientos de la población en general. Y es que, sin lugar a dudas, se han convertido en uno de nuestros nuevos tótems sagrados, ante el que postrarse y aceptar remedios y soluciones que apenas entendemos. El médico, por ejemplo, ha heredado el simbolismo del curandero y su profesión; acudimos a él y nos sometemos, además de llamarle: doctor o doctora, según el caso. Voy a robarle la idea a un buen amigo mío; propongo que todos los médicos de cabecera sean sustituidos por ordenadores personales o teleoperadores, al fin y al cabo, su trabajo es exactamente igual. ¿Le duele la cabeza? Sí. ¿Garganta irritada? No. ¿Malestar general? Sí. Diagnóstico: gripe. Siguiente.

Ya lo ven, se pueden sustituir los médicos por ordenadores y sencillos programas de diagnóstico. El único problema es que nos sentimos más seguros si es un tipo con bigote el que nos receta la amoxicilina, alguien al que llamar doctor con tono grave y del que esperamos agite a nuestro alrededor un bastón mágico que expulsará el demonio que nos hace estornudar. Mal que le pese a los científicos, todavía somos una especie joven y supersticiosa, miramos a las estrellas, a las profundidades del planeta y soñamos con terrores imposibles nacidos del semen de entidades supranaturales. Es hermoso, triste y verdadero. Aunque no lo creamos, pero es así.

Quizá en un futuro, en un par de milenios más… Tal vez dentro de cinco mil años, el ser humano se deshaga de su herencia animal, de sus instintos supersticiosos, de su pasado de cuevas y peligros, pero por el momento no es así. Y, por una parte, así espero que continúe.

Es cierto que la ciencia no puede explicarlo todo, nunca lo hará, porque la pregunta siempre antecede a la respuesta, y el hombre nació para interrogar a la vida. Es la raíz del arte, de la locura creativa que yo, como artista, debo defender a capa y espada. Lo irracional es el motor de nuestro comportamiento, de nuestras relaciones. Nos movemos por instinto, dando la espalda a la consciencia, empujados por nuestras minusvalías afectivas, por nuestras enfermedades mentales. Sí, los científicos también. Y es que el suconsciente es el motor de nuestro día a día, de cada acción que emprendemos. La repulsa ante una comida, un hábito, un color, una raza, una conducta, el hombre que elegimos para casarnos y tener hijos, o la mujer que no podemos encontrar de ninguna manera; todo es consecuencia de nuestra parte irracional.

Yo, por mi parte, me tengo por un cínico, porque soy tan crédulo como escéptico. Y todo con tal de discutir y mantenerme en mis trece, en mi pequeño rincón de justificaciones ontogénicas, tan sencillas como un tortazo bienintencionado. Pienso, a veces sin hacerlo hasta verme acorralado, que resulta un tanto estúpido negar la existencia de cualquier cosa y someterla al método científico desde que la física experimental se dedicó a penetrar los terrenos de lo posible o no. Cuando el relativismo da un golpe de autoridad sobre la mesa y muestra sus cartas, resulta que nada es lo que parece, o lo que creímos, y que, al fin y al cabo, tampoco resultaba tan importante. Los fantasmas no existen, pero se puede morir de miedo a los fantasmas. El vudú es una superchería, pero cientos de personas caen en la sugestión de su magia. ¿Dónde está la barrera entre lo real y lo ficticio? ¿No es la percepción lo que determina el resultado final? Tal vez por eso prefiero creer, porque creer es poder. Creer que se puede creer. Aunque no crea en muchas cosas, creo en el poder de la creencia, en los falsos ídolos en torno a los que todavía bailamos, en la arrolladora fuerza de la fe, en la determinación de lo imaginable. Ser un crédulo —con la razón y la lógica de la mano— es más saludable que ser un escéptico, abre las posibilidades y mantiene despierta la imaginación. Creer que cualquier cosa es posible, porque, ¿acaso no lo es? Si existen infinitos universos, ¿no resulta mejor creer que aquello que incluso no nos atrevemos a soñar, existe en alguna otra parte? Y, después de todo. ¿qué más da lo que unos crean o injurien si nuestra vida es breve y nos desvaneceremos como chispazos en la oscuridad?

En estos casos caóticos suelo alinearme con Pascal —ultracatólico que solía cartearse con Tolstoi y al que me acerco de puntillas y por detrás—, que decía algo como: entre creer y no hacerlo siempre resulta más saludable hacerlo, ¿qué puedes perder si resulta que estabas equivocado?

Por eso sé que, en algún lugar, existe un Dios con cabeza de lagarto, que sobrevuela su palacio construido sobre un loto violaceo y toca un instrumento en una melodía interminable y tediosa. ¿Porqué no? Al fin y al cabo, es parte de mi condición.

El artículo de El país que originó este desvarío: aquí.
 

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