Han nacido entre los hombres y abierto un camino espinoso y retorcido. Los marcados están entre ellos, por todas partes; a pesar de las persecuciones y matanzas, nadie ha podido detener el nacimiento de estos nuevos humanos porque ese es el destino de la raza. ¿O quizá sí se puede luchar contra el destino? Kali nació con el don de la muerte. Su madre murió en el momento en que ella emitió su primer llanto en los brazos de su padre, Jared. En la otra parte del mundo, Eadgard tiene el don de la vida. Siempre utilizado por la gente, explotado, convertido en una huidiza anguila. ¿Qué significa la aparición de estos dos poderosos adolescentes? ¿Realmente se encuentra unido su camino?
Desde los Montes de Bruma a los suburbios de Rondeimm, druidas, monjes, nobles, brujos y archimagos arcanos esperan el momento durante tanto tiempo anunciado. Es momento de cambio en los reinos del norte y la guerra de un rey loco se avecina como el crudo invierno. El mundo entero ha puesto sus ojos en La guerra por el norte y en los acontecimientos que desencadenará tal lucha de poder. Porque es el final de una era y, tras las montañas, alguien llega a Oriente. Alguien que la extraña raza de los Kudaw esperaban desde hacía mil años.


COMO ESCRIBIR UNA NOVELA Y NO MORIR EN EL INTENTO ( 4)  

Posted by Guillem López Arnal in

 

Ayer fue un día extraño. Me había tomado unos días libres en el trabajo para darle un tirón a la novela y desgastar un poco las teclas del ordenador. Llevaba semanas esperando estos días de “fiesta” que me permitiesen sentirme un poco más escritor. Levantarme por la mañana tempranito, seguir mi ritual de prensa, café, blogs, novela. Pero, sin embargo, nada ha salido como yo esperaba.

Me he plantado frente a la pantalla y no sabía cómo coger la página. La he mirado de un lado, la he mirado del revés y no había manera. Así que, como dicta el manual del buen escritor bloqueado, he cogido los trastos y me he metido con la música. Pero tampoco tenía las cosas claras y no acababa de gustarme lo que inventaba. En esas lides ya me había pasado media mañana y, antes de el pánico hiciese acto de presencia, en un acto de determinación, vuelvo a cambiar de ordenador y repaso un cuento que me llevo entre manos. Lo escrito me parece malo y lo por escribir, tartamudo. Ya era la hora de comer y yo con estos pelos. Antes de que el mundo se me viniese encima en forma de reloj y tic-tac por espada vengadora de acero toledano, me marcho a la piscina. El cansancio físico me dejará fino y dócil como un bebé, pero (sí ya son unos cuantos peros) no hay tu tía. El ordenador se me rebela y acabo viendo un documental convencido de que en realidad estoy haciendo labor de “documentación”. ¿Pero qué ha pasado que el día de la escritura se me ha convertido en el infierno de la escritura? Tantos días esperando este día y me he quedado compuesto y sin novia. Las expectativas son malas consejeras.

Y ¿cuál es el auténtico problema de fondo? Lo descubrí por la noche, después de ver una pésima película de terror. Basta con pillarse unos días libres en el trabajo para que las palabras se me escapen entre los dedos. Demasiada presión para tan poco tiempo. Sin darme cuenta me había traído de compañero de correrías al conejo blanco de Alicia. No tengo tiempo, no llego, no voy a llegar… y así me ha ido que me han cortado la cabeza y no me he dado ni cuenta.

Ser escritor es un mar de calma o una tormenta de ansiedad, un día sí y otro no. Buscando horas, o cuartos, para poder escribir una novela y no dejarte la salud mental en ello, o que, por lo menos, no te abandone tu pareja. ¿Hay alguien en el mundo más resignado que la pareja de un escritor/a? Cuando conocí a Leonardo Ropero le pregunté cómo lo hacía para trabajar fuera de casa tantas horas y además escribir dos finalistas del premio Minotauro. Pasando sueño, me dijo, pero cuesta, y tanto esfuerzo cansa, cansa mucho, añadió. Yo, por mi parte, después de dejar pasar un día libre sin adelantar nada de nada, me siento un poco tonto.

Recuerdo el año que escribí La guerra por el norte. (Aquí entra una cortinilla de esas que preparan para un flashback) Estaba en paro, escribía por la mañana, escribía por la tarde, todo el día en pijama, era tan feliz… Algunos que yo me sé estarán pensando: “mira el novatillo que pataleta se ha cogido. Pues prepárate chaval que esto es para toda la vida.” Y yo suspiro resignado. Admiro a los escritores que en un año sacan adelante una novela, algún cuento, una colaboración, mantienen al día un blog, dan un taller y encima trabajan por cuenta ajena porque alguien tiene que pagar las facturas.

Visto lo visto, está claro que más me vale acostumbrarme a este ritmo de vida. Es lo que hay. Y eso es lo que queda. Resulta que la literatura es una carrera de fondo, de resistencia, de las que no se acaba nunca y si no que se lo digan al recién fallecido Ayala, que ha estado en primera división más años de los que yo viviré. Resulta que te preparas durante años, haces calentamientos y, cuando suena la bocina sales corriendo como un potro desbocado lleno de energía. Quieto, animal, poco a poco, que no hay meta ni llegada, que es cosa de luchar cada día para escribir un párrafo y pensar: “mejor que ayer; peor que mañana.”

Un artículo low cost  

Posted by Guillem López Arnal in

Hace poco tiempo visité de nuevo Roma, la ciudad eterna. Me gusta Italia y me gusta Roma. Y eso que yo soy de los que las ciudades grandes le saben a óxido y las aglomeraciones le parecen un tumor maligno. Sí, me gusta Roma por sus rincones y porque hay romanticismo en las piedras y las baldosas pisadas y pateadas por gente que como yo busca el pasado quizá una respuesta, quizá una pregunta. Pero las cosas resultan no ser tan complicadas y la sencillez reaparece de forma ordinaria y esfuma todo destello romántico y lo convierte en poesía de la buena, la que se camufla de esputo, fogonazo y mamporro.

Las piedras de Roma están bañadas en el recuerdo de emperadores y los orines de gato. Los callejones saben a vino rancio, a lluvia, semen, sudor de mendigo, historia caduca, falsa nostalgia y excusa para fascistas. Los ojos de los adolescentes carteristas del metro se parecen peligrosamente a los del busto de Augusto. Roma mira al turista con un gesto extraño, como si no fuera suyo, como si fuera un espejo.

Julio César murió a los pies de la escalinata del templo D (eso ponía en la guía). Vaya nombre de mierda para un lugar tan magnífico e importante, se piensa. Pero en lo que cuesta hinchar el pecho de aire contaminado y asentir satisfecho, casi orgulloso, como si fuese cosa tuya esas cuatro columnas de doce metros, resulta que ves un gato lamiéndose la entrepierna en el mismo lugar en que el Imperator expiró su último suspiro. Julio Cesar muere y un gato (un gato gordo, regordo) se lame la entrepierna; una asociación tan rápida como un pestañeo.

Los gatos de Roma son obesos y padecen de colesterol y triglicéridos, y también de una falta de fe espantosa. Los gatos de Roma están acostumbrados a tanto turista, a sus grititos de asombro, los destellos de las cámaras fotográficas y a los “esto es impresionante, magnífico, fastuoso, qué construcciones”, al “somos parte de la historia.” Y ellos ponen cara de escépticos, de abúlicos, y se pasean entre columnas para dejarse caer al sol escaso de la ciudad.

Es lo que tienen los animales, que devuelven las cosas a su sitio, y al final las estatuas son sólo eso, piedras manchadas de cagadas de paloma que nosotros nos esforzamos por limpiar, como si la memoria de todos esos emperadores muertos, de conquistadores y asesinos, se ensuciase, cuando en su lugar ya no existe. A nadie le importa la memoria de Julio Cesar, su asesinato en las escalinatas del templo D, sus mentiras en la Guerra de las Galias, sus escrúpulos en la política. El Cesar se revuelve en su tumba y con el paso de los milenios quedan las obras de arte, el esfuerzo y el sudor de esclavos y genios matemáticos, y las meadas de los gatos escépticos que se chupan el sexo con empeño. Todo vuelve a su lugar, excepto Roma, que siempre será eterna.

Más sobre el futuro del libro  

Posted by Guillem López Arnal in

Os redirijo a dos noticias interesantes, y mucho, sobre el futuro del libro: Una entrada interesante en el blog de David Mateo sobre un artículo en ElPais.com

Y otro artículo para que veáis los aparatitos de marras que pronto estarán entre nosotros. Se mueve, se está moviendo y viene hacia nosotros.

La conspiración  

Posted by Guillem López Arnal in

En esta red interminable de información y contrainformación, uno, a veces, se encuentra perdido como un naúfrago y no sabe si agradecer los desvarios de la imaginación ajena o temer por un mundo en que la verdad pasa a un segundo plano. La prensa de hoy en día ha sustituido la busqueda de la verdad por el folletin partidista y así vamos que a nadie le interesa escuchar nada que no sea de su color, sea rojo, azul o verde. A mí estas cosas de la información me llevan a preguntarme si no será todo una estrategia de un poder superior para atontar, un poco más, a la especie humana. ¿Seré yo también una víctima de las conspiraciones humanas o divinas? Valga un ejemplo contrastable y contrastado.

En 1977 un pesquero japonés llamado Zuiyo Maru recogía sus redes en alta mar con un gran peso enganchado a ellas. Al principio pensaron que habían enredado el aparejo en algún madero, resto de un naufragio. Más tarde, a medida que se acercaban a la superficie, supusieron que era algún cetáceo muerto, pero lo que no esperaban encontrar era el cuerpo en descomposición de una extraña criatura. Después de tomar varias fotografías que han pasado a los diccionarios de misterios y las leyendas del mundo animal, dejaron caer tan extraña criatura al mar. Habían encontrado un plesiosaurio, un animal prehistórico en los mares de la China. Todos los mitos tomaban cuerpo con aquellas fotografías, los avistamientos de seres extraños, monstruos marinos venidos de las profundidades, el lago Ness y su famoso bicho. Las fotografías lo demostraban.

Tristemente, profesores de la universidad de Tokio reconocieron en las muestras de tejido una proteína que sólo se encuentra en los tiburones, y así, se dedujo que no era un plesiosaurio, sino un tiburón peregrino, de grandes dimensiones, en descomposición. A pesar de ello muchos son los que se preguntan, ¿qué era realmente lo que el Zuiyo Maru sacó de los mares aquel día de 1977?

Un momento, ¿es que me he perdido algo? Creía que era un tiburón peregrino en descomposición, ¿no?, ¿o no lo había dicho con bastante claridad? No, no, eso es lo que quieren que creamos, responden a media voz algunos; quieren confundirnos, engañarnos, dejarnos en este estado de ignorancia feliz. ¿Quiénes?, pregunto yo. Ellos. ¿Ellos? Sí, los gobiernos. Ah, bueno, es otro caso de conspiraciones.

Hay que estar aburrido para inventar conspiraciones en la sombra, o ser muy necio, cuando en este mundo se conspira a la luz del día sin ningún reparo. No hace falta decir a media voz, como si fuera un secreto en el que te juegas la vida, que los gobiernos prefieren millones de idiotas que sospechen de ellos, que millones de idiotas que no les hagan ni caso. Yo creo que las conspiraciones son rumores que empiezan los mismos gobiernos para distraer la atención sobre otros asuntillos menos importantes. Imagínense alguien que susurra a otro algo como, “dicen que este país tiene armas nucleares”, o, “este golpe de estado me huele a chamusquina”. La frase, “creo que el ejército oculta algo”, le hace quedar a uno, automáticamente, como un imbécil. El ejército siempre oculta algo. Y es mejor no intentarlo con cosas como, “creo que el gobierno está detrás de esas compañías petrolíferas que suministran armas a tal grupo terrorista con la bendición de nuestro presidente”. ¿A quién puede sorprender algo así? Es mejor, y más divertido, sospechar que un plesiosaurio extinguido hace millones de años se ha fugado de una base militar donde hacían pruebas secretas y ha sido encontrado por un pesquero. Un asunto que será portada y objeto de artículo durante décadas. La verdad, sólo los gobiernos pueden estar detrás de rumores como ese, son perfectas cortinas de humo.

Por su parte el plesiosaurio no se ha perdido demasiado. Si las cosas hubiesen sido distintas en la evolución, el gobierno canadiense mataría decenas de miles de plesiosaurios cada año, pero al ser tan grandes, no olvidemos que es un dinosaurio, en lugar de utilizar garfios y garrotes para rematar a sus crías, utilizaría bombas atómicas. Grandes explosiones destruirían a los plesiosaurios cada año, no dejaríamos de ellos ni las cenizas; qué se pudran, por comerse nuestros atunes. Y de vez en cuando, entre matanza y matanza de plesiosaurios, en las noticias nos recordarían que un pesquero japonés pescó, allá por 1977, una foca común. Y todos nos preguntaríamos, ¿una foca común? Esto me huele a conspiración.

Tinta electrónica en El Pais.com  

Posted by Guillem López Arnal in

Ahí va un nuevo artículo en la versión digital de El País sobre el futuro de libro electrónico. Una buena noticia: el primer movimiento del mundo editorial anuncia una plataforma de editoriales de medio tamaño que sacará al mercado digital novedades y best sellers a precio reducido.

ARTÍCULO EN ELPAIS.COM
Tarde y tibia, pero no deja de ser noticia...

DE LA REALIDAD A LA FANTASÍA Y VUELTA.  

Posted by Guillem López Arnal in

Siento que voy a ser un poco duro. En las últimas semanas he escuchado un comentario sobre la literatura fantástica que, no sólo me ha molestado, sino que me ha llevado a preguntarme; ¿cómo es posible que alguien pretenda acusar a los que marginan la literatura fantástica y al mismo tiempo marginarla? Es evidente que nadie en su sano juicio haría algo así, especialmente un aficionado al género. No hablemos ya de un escritor consagrado. Y, sin embargo, de un aficionado y escritor surgió la sentencia en cuestión. No pretendo acusar a nadie, ni mucho menos; lo que me interesa es una actitud que no veo pragmática en todo este asunto de la literatura minoritaria, de segunda, o como prefieran llamarla.

No hay que ser un enamorado de la sinceridad para reconocer que la literatura de género fantástico carece de renombre en los círculos literarios. Cualquier “snob” del tres al cuarto cargado de autocomplacencia que garabatee servilletas de bar parece gozar de mayor credibilidad frente al novelista de fantasía o ciencia-ficción. No me lo invento, es en serio. Normalmente la cosa transcurre de la siguiente forma:

-Así que eres escritor.

-Pues sí, en eso estamos.

-¿Y qué escribes?

-Fantasía.

(En este momento se pueden producir diferentes respuestas)

-¿Fantasía?/ Qué guay, los elfos molan mazo/ Ya veo/ Yo intenté leer una vez ESDLA.

Más o menos es así. Si uno viste con chaqueta de pana y fuma en pipa, copia descaradamente a Bukowski y Cortázar y cita sin parar lo que ha leído en el Qué Leer, parece más serio, como que llegará a alguna parte escribiendo para gente adulta, que vota en las elecciones y paga sus impuestos. Mientras, el escritor de fantasía es un tipo que calza camisetas de superhéroes, seguidor de series de televisión y que escribe para niños o adultos con serios problemas de personalidad. Bueno yo suelo vestir con camisetas de superhéroes y sigo algunas series de televisión, pero lo de escribir para gente de menudillo… Aunque escribiese literatura juvenil o infantil jamás podría presuponer que es una literatura “manca” o “parcial” por el hecho de ir dirigida a gente joven. ¿Por qué hemos llegado a este punto? ¿Por qué resulta que la sociedad ha adoptado tan abiertamente este planteamiento? ¿Lo hemos aceptado nosotros mismos?

El comentario en cuestión que me lleva a escribir este artículo fue el siguiente: “leo literatura fantástica para evadirme de la realidad” Yo personalmente creo que es una frase bastante desafortunada, fruto de la precipitación, y que parece justificar la condena literaria que le ha caído encima al género. Evadirse de la realidad es dejar de ser consciente, aceptar que un libro de fantasía es mentira o menos real que cualquier otro y, por lo tanto, menos valioso o válido. Es decir, abstraerse de la realidad, ser menos consciente, más ajeno, es un divertimento, un pasatiempo hueco. ¿Es suficiente justificación para apartar la literatura fantástica?

Siempre he pensado que ese es uno de los grandes errores de la fantasía. Los aficionados han llegado a creerse la excusa de los detractores. En mi caso leo y escribo literatura fantástica para enfrentarme a la realidad. En las páginas de un libro es tan real la Guerra del anillo como la Primera Guerra mundial. ¿Acaso no conoció Tolkien la guerra en primera persona? Personalmente no hago ninguna diferencia entre la obra de JRR Tolkien y la de Céline, ambos vivieron la guerra aunque la retratan de diferente manera. Así que la forma, el caparazón exterior de una obra, es lo que la condena a ser profunda, seria y para adultos, o a llevar la etiqueta infantil, inmadura, leve. Parece un juicio demasiado simple y superficial, ¿verdad?

Una novela de fantasía como la de Tolkien y otra contemporánea suya, El señor de las moscas, que a pesar de ser ficticia toma una forma realista, se diferencian de tal manera en su parecido que uno es merecedor del Premio Nóbel y el otro recibe su reconocimiento décadas después. De nuevo es la forma y no el fondo el que actúa como lastre, y eso que hablamos de una obra de un autor anglosajón, donde la tradición literaria fantástica, huelga decir, se encuentra más respetada. Por lo tanto, que los orcos arrasen un poblado de la Tierra Media, violen y maten a la población civil y traigan con ellos la corrupción de la tierra, no es ni por asomo tan impactante como la represión en los Gulag de la era soviética. Bien, uno está basado en hechos reales y el otro no; ¿no?

Cuando escribo, mi base, como la del resto de escritores del mundo, es la realidad. Si no me basase en la realidad mis escritos serían una serie de escenas incomprensibles que no se acercarían siquiera al surrealismo más puro. Podría utilizar un momento histórico; asegurarme el respeto de la comunidad literaria y la crítica, si el malo de mi historia vistiese un uniforme nazi y no una armadura metálica. Sin embargo creo lugares imaginarios en mundos inexistentes para ambientar mis historias. Pero, ¿y los personajes?

Los personajes de fantasía son tan arquetípicos como cualquier otro en la historia de la literatura. No hay demasiada diferencia entre Madam Bovary y Arwen. Es cierto, no la hay. Los arquetipos se mantienen en la literatura desde el principio de los tiempos. Homero, Virgilio, Cervantes, Dante, Shakespeare, Wells, Stevenson, Kafka, Virginia Woolf, Umberto Eco, Philip K. Dick, Martin Amis, Le Guin… todos escribían exactamente sobre lo mismo. La búsqueda. Hay escritores buenos y mediocres, no temas o géneros mejores; aunque sí predilectos.

Hubo un momento en Occidente en que la narrativa se convirtió en la literatura del dolor, la que se escribía desde la existencia del artista para la finalidad de la existencia. Ésta fue la literatura que se hizo con la bandera de la calidad y la profundidad literaria. Y lo peor de todo es que nos dejamos engañar por artistas que escribían mirando su propio ombligo, vomitando palabras sobre la angustia, la nada, el mito de Sísifo, el absurdo… Dejamos que la fantasía se convirtiera en banal y que la leyenda, el cuento, la mitología y toda la tradición oral fueran cosa de niños. El cuento y la sabiduría popular, la herencia pagana y la superstición pasaron a ser literatura infantil para los hijos de una clase burguesa con los pies en el suelo, el corazón en la cartera y el alma entre el socialismo y el capital.

En algún momento habrá que retomar la parcela que merece la literatura fantástica. Dejar de creerse escritores de segunda y apuntar el arco todo lo alto que la flecha alcance. Si creemos que la literatura fantástica no está a la altura, jamás estará a la altura. Si se piensa que la literatura juvenil debe ser sencilla y simple, siempre carecerá de calidad. En este mundo uno es lo que quiere ser, y si se escribe una novela con una calidad escasa excusado en el género, se está haciendo un flaco favor a la profesión. Que los escritores de fantasía y ciencia ficción no ganen el premio Nóbel no quiere decir que no deban escribir como los que sí lo hacen.

Con el principio del nuevo siglo llegan los resortes que mueven al cambio, a abandonar los polvorientos iconos que el romanticismo rescató y explorar nuevas formas para narrar nuevos conflictos en el hombre. La literatura fantástica no evade de la realidad, no más que cualquier otra. Hay que proclamarse consciente del mundo en el que se vive, consciente de la existencia propia y consciente de la vida de los demás. Por que, si no es así, si no somos conscientes, ¿qué somos? Sacos de sangre; máquinas productoras que esperan evadirse; perros de paja entregados al sacrificio. La realidad está hecha de páginas manchadas de letras que se crean y destruyen cada día.

Jornadas de Literatura Fantástica de Dos Hermanas  

Posted by Guillem López Arnal in

Todavía no han transcurrido unas horas de mi partida y me pregunto: ¿Qué me llevo de Dos Hermanas? Todo ha ocurrido demasiado rápido, escasas treinta horas desde mi llegada, pero las sensaciones han sido intensas, agradables y, sobretodo, enriquecedoras. No he conocido a todos los que había, pero sí a todos los que me interesaba y que más cercanos tenía en la lejanía de Internet.

De las últimas palabras que crucé con Teo Palacios, recuerdo: “el que viene a las Jornadas de Dos Hermanas, repite”. Es cierto. Una de las seguras y rotundas afirmaciones que me llevo de estas Jornadas es que volveré. Como invitado o como visitante es seguro mi retorno. ¿Por qué? Por la organización, las ponencias, la cercanía entre autores y lectores, las conferencias convertidas en debate en que se luchaba por conseguir el turno de palabra, el nivel literario de los reunidos y del público. En Dos Hermanas todo el mundo era un entendido en literatura fantástica. Y es que el listón está muy alto.

Poder hablar con un editor como Raúl Gonzálvez durante la comida y al mismo tiempo compartir experiencias e inquietudes con autores descubiertos y por descubrir, no tiene precio. Te sientes formar parte de algo, de un engranaje que hasta el momento funcionaba ajeno a todas las palabras que amontonabas en archivos de texto. Tomar un café con jóvenes que arrastran libros a la espera de una firma y comprobar su decepción al confirmar que David Prieto no podía asistir (yo también me llevé una decepción y no soy joven ni mujer). Charlar con Alex Guardiola sobre la manera de publicar un relato, o con Susana Torres sobre los aspectos técnicos en la corrección de un texto. Comprobar que Jordi, que se enfrenta a problemas en su primera novela, o un autor consagrado como Felix Palma, utilizan métodos de trabajo similares a los propios. Coincidir con Leonardo Ropero, un escritor leonés que lleva el tesón en la mirada y del que no puedo más que entonar elogios.

Se puede aprender mucho escuchando a los ponentes, pero también compartiendo experiencias con los reunidos. Cualquiera de los presentes te puede dar una lección, y eso da una ducha de humildad al ego más pintado. El que viene a Dos Hermanas y no aprende algo es porque no quiere o es sordo, mudo y ciego.

Así que, ¿qué me llevo de Dos Hermanas? Un puñado de amistades, muchos conocimientos, una ducha para el ego... y motivación. Si hay algo del sentimiento grupal en el que te ves envuelto y que destaca, es la determinación. Las ganas por continuar escribiendo, el valor para afrontar la dificultad que supone elegir una profesión que acarrea tanto sacrificio, sudor y jaquecas. A Felix Palma y Leonardo Ropero les preguntaron durante su “Duelo de espadas”: ¿Por qué escribir fantasía? Coincidieron en la respuesta. Porque me gusta. Y esa escueta respuesta es el escudo que detiene los golpes del día a día, la realidad editorial, el hecho literario enfrentado al mercado. La “solitaria” de la literatura consume tiempo y devora desvelos y entrega. Nadie se detiene. Esa es la motivación y el acicate al trabajo propio.

Me llevo un buen número de razones por las que seguir luchando y aprendiendo en la jungla de las páginas en blanco.

Lo mejor del fin de semana: la grandeza, literaria y personal, de Teo Palacios al cual guardo el mayor de los respetos.

Lo peor: el aire acondicionado del tren que casi acaba conmigo.

Pasado, presente y... ¿futuro?  

Posted by Guillem López Arnal in ,

Hace ya algunos días toqué de pasada el tema del futuro de los libros en una entrada que redirigía a un artículo al respecto en Elpais.com. La verdad es que, visto que es un tema que no deja indiferente a nadie y que hubieron algunos comentarios de lo más interesante, me he decidido a escribir una nueva entrada, a cuenta de adentrarme en terreno cenagoso y pillarme los dedos, o mejor dicho los labios, por pensar lo que digo.

No soy el primero que aborda el asunto, pero tampoco seré el último, os lo aseguro. Pues visto lo visto, y al interminable debate sobre descargas en Internet y demás me remito, el tema va a traer mucha cola.

Cuando nos referimos al futuro del libro, seamos sinceros, no nos referimos a la preocupación que nos suscita la sustitución del papel por el formato electrónico, el romanticismo de un manuscrito antiguo, los libros de segunda mano en el rastro o las dedicatorias al margen que sorprenden al ser redescubiertas. No; cuando hablamos del “futuro” en realidad queremos decir… dinero. Pensad lo que queráis, pero siempre se acabará en el mismo paisaje desolado; la ruina del escritor.

No hace falta ser muy inteligente para darse cuenta de que con la llegada del libro electrónico al mercado muchas cosas van a cambiar. Tantos años viendo los toros desde la barrera y ahora nos encontramos con la tarea de lidiar con un sistema que, si evoluciona de la misma manera que el negocio de la música, el cine y los videojuegos, nos augura el fin de muchas, pero muchas, librerías, imprentas y editoriales. No, no es catastrofismo, es lo que viene y lo que ocurrirá con una industria que, en lugar de prepararse, realiza extraños movimientos ortopédicos-comerciales o se opone totalmente a algo que ya es una realidad (vease respuesta de la feria de Madrid a las editoriales en formato electrónico). Pero vayamos a lo que importa, que es el dinero.

La catástrofe se presenta de la siguiente manera: la libre difusión de la cultura o la copia ilegal de material artístico sin respetar los derechos de autor (lease lo que convenga) traerá la ruina de los escritores porque la copia y descarga ilegal de sus obras en Internet no les proporcionará ningún beneficio. Es decir, el escritor no cobrará por escribir y por lo tanto, al no poder vivir de la literatura dejará de escribir y entonces… se acabó la literatura, de la misma manera que se acabará el cine, la música y los videojuegos.

Hasta aquí todo está claro. No se puede trabajar gratis, hay que respetar y remunerar el trabajo del escritor. Pero me pregunto, ¿cuántos escritores viven en España de la literatura? No sólo eso, la pregunta es, ¿cuántos escritores cobran por escribir? La gran mayoría alternan la escritura con otras fuentes de ingresos, más o menos cercanas a la literatura, para poder acarrear con sus obligaciones fiscales y bancarias. No nos engañemos, si fuera por los ingresos que nos reporta la literatura, todos nosotros habríamos dejado de escribir hace mucho tiempo. Esto desmonta la teoría de que si no cobra el escritor no escribe ya que quitando de cuatro gatos el resto cobran para pagar un par de facturas y cambiarse el ordenador que arrastraba desde hacía años. El que está, dejándose la vista a altas horas frente a la pantalla, está por vocación.

Los libros son gratis desde hace muchos años. Conozco mucha gente que no compra literatura y son lectores ávidos y habituales de las bibliotecas. Un lector normal suele devorar entre doce y quince libros al año. Eso supone un consumo de unos dos cientos euros cada doce meses. Los profesionales consumimos bastante más literatura, unos veinte o treinta libros al año. Si uno quiere mantenerse al día con las novedades que vaya sacando cuentas de lo que tiene que gastar. Los libros no son caros. Yo me gasto veinte euros en cosas menos enriquecedoras, en cañas, por ejemplo. Pero podían ser más baratos.

Decir que los márgenes de beneficio de un libro son altos no es algo revolucionario. Puedo decirlo y no me estoy convirtiendo en un “Che” de las letras, la verdad. Podían ser más baratos, especialmente los de las editoriales grandes (las editoriales pequeñas se juegan mucho con cada libro y sin embargo ajustan más los precios). A los nuevos experimentos de impresión por demanda me remito. Si un libro cuesta dieciocho euros, ¿cuánto cuesta imprimir dos mil? ¿Y cincuenta mil?

Asaltado por los corsarios, o no, sigo sin un euro. Y todavía no he dejado de escribir, es bastante probable que no deje de hacerlo nunca. Dan Brown tampoco dejará de escribir nunca, quizá porque ingresa cantidades de seis ceros como adelanto por sus libros. Si su manuscrito se filtra en la red y se descargan un millón de versiones piratas, como pasó con la película Lobezno, él seguirá en su gran casa californiana cobrando fortunas por escribir libros de calidad muy dudosa, como hicieron los productores de la película en cuestión. Sin embargo, si mi obra se difunde de forma libre por Internet y se lo descargan un millón de chavales, no tendré nada, seré conocido por el mundo entero, leído y seguido por muchos (suponiendo que descarga equivale a lectura), pero, ¿sin cobrar un euro? Tampoco es de mi agrado tal situación.

Así que, desde la ruina me pregunto: ¿para qué narices me metí yo a escribir? Yo en esto me enrolé por el dinero, por vivir en una casa grande, ganar el premio Planeta y codearme con colegas de profesión ganadores de tal y cual certamen, salir por la tele y hacer gala de un ego antropófago. Ay, la vida del escritor, tan idealizada por los medios y el sistema de la vulgaridad. ¿Qué porcentaje de películas tratan sobre un escritor/a? Y ¿por qué es tan lejana la realidad de la ficción al representar la figura del escritor? Tan lejana que la mayoría de nosotros nos creímos la entelequia del éxito y el glamour de la letra, cuando la verdad es mucho más cruda y desagradable, gobernada por el mercado y las ventas, la moda y las tendencias. Y así nos aferramos a esos números sin recordar los orígenes de todo; el arte por el arte, las noches de insomnio, la ansiedad, la obsesión cuando la obra propia se lleva dentro de la carne como un parásito que te posee durante meses hasta que consigues parirlo y echarlo fuera. ¿Qué ha pasado con el oficio de escritor? Carlos Barral dijo hace ya cuatro décadas: “antes el editor llevaba un libro bajo el brazo, ahora lleva una calculadora.” Con el nuevo siglo, los escritores nos hemos vuelto un poco matemáticos. Y voy a pedir disculpas si he pasado de cínico. Pero me resulta difícil defender los derechos de mi obra cuando no es tanto mi obra la importante sino el dinero que mueve.

En un futuro, cuando los libros en papel sean una minoría, seguiremos trabajando para conseguir ventas electrónicas y quizá, aquellos que vendan más, incluyan publicidad en sus libros o enlaces promocionados o lo que inventen. Que las editoriales promocionen suscripciones a sus publicaciones por descarga y yo seré el primero que me apuntaré, por supuesto, y pagaré por descargarme libros y manuales, de Amazon o de RBA o de una editorial pequeña que vende poemarios, me da igual. Pero que no pretendan engañarme porque un libro electrónico no cuesta doce euros, ni ocho, ni los derechos de Stieg Larsson son tan caros, ni están salvando de la miseria a los pobres escritores. Tampoco creo en los abanderados de la libertad digital que promueven la difusión de la cultura, el respeto al trabajo de los otros va por otro camino. Yo no quiero convertirme en Dan Brown. Quiero que mis libros funcionen y gusten, que sean leídos, que lleguen a muchas manos y que yo pueda vivir escribiendo. Y quiero cobrar por ello, por supuesto, pero no aspiro a lucrarme. Como espero que nadie se lucre a mi costa, ni a costa de la conciencia y sentimiento de culpa de la sociedad. Como decía Jodorowsky al respecto: hay que ser santo pero no tonto.

Las descargas ilegales no se van a poder detener sin una legislación al borde del control estatal y la castración de la red. Y no estoy seguro de querer llegar a ese punto. Si no se educa, que no adoctrina, a la gente; si no les damos más ética que un sistema del beneficio y la pérdida económica, nadie pagará por lo que puede conseguir gratis porque no se puede pedir respeto sin dar nada a cambio. Digamos que estamos en la elección del mal menor. Copias y descargas, difusión gratuita en la red, contra las descargas desde las librerías y las editoriales. Se puede plantear como una batalla, pero en ese caso, como tras la guerra, nunca hay vencedor.

EL FUTURO DEL LIBRO EN EL PAIS.COM  

Posted by Guillem López Arnal in

Sale publicado hoy en el país digital. Más datos, más vaticinios y más entidades oficiales que se apuntan al carro del libro digital.

Libros descargables en pdf... internet llega a la literatura. A mí se me repite un poco el cuento del pastor y el lobo. Me huele a chamusquina tanta alarma por los billetes, verdes y de otros colores.

Genio y figura...  

Posted by Guillem López Arnal in

Llevaba ya bastante tiempo con la cabeza perdida en una entrada sobre el oficio de escritor, la vocación o la profesión, el qué, por qué y cómo. Y hace unos días me encontré con una estupenda entrada al respecto en el blog de Marta Abelló y luego otra similar en el de Blas Malo Poyatos. Así que como no hay dos sin tres, y a riesgo de repetirme, voy a exponer algunos pensamientos.

¿Qué es ser escritor? ¿Cómo se produce tal descubrimiento ¿Cuándo se puede confirmar a familiares y amigos, con la cabeza bien alta, que uno es escritor? No respondan todavía, primero una entretenida anécdota.

Esta misma mañana al entrar a un bar en mi barrio me ha asaltado una mujer, amiga de mi madre. “Oye, -me dice- dónde cuelgas tus poesías en Internet, es que yo también soy poeta.” “Bueno, la verdad es que no tengo poesías en Internet, pero conozco algunas comunidades que comparten sus trabajos; si quieres…” Su rostro pasaba de la felicidad a la más desolada realidad, al hablar con un tipo que ni siquiera era poeta como ella. Mucha gente de mi alrededor desconoce mi afición por la escritura, nunca me llamo escritor o novelista y mucho menos poeta, término que tengo en gran consideración. Sin embargo no deja de sorprenderme la facilidad de mucha gente para llamarse escritor/a y quedarse tan ancho, esperando la complicidad de un compañero de profesión. Pero la cosa no termina ahí. La mayoría de los que se toman éste arte como un oficio son contenidos, les cuesta sacar sus textos, reafirmarse delante de la familia y amigos (a los que, una vez reafirmado, castigará con textos y experimentos). Van poco a poco, escribiendo, construyendo la seguridad, atormentados por otros que siempre serán mejores, genios inalcanzables.

Y esta señora, pobrecilla, me dice que es poetisa. Es como encontrarte al mecánico del barrio y decirle que tú también eres mecánico, y de los buenos, porque el otro día cambiaste una rueda al coche. ¿Qué pasa con el intrusismo laboral en la literatura? ¿Por qué lo que es un muro para algunos resulta una pista de patinaje para otros?

El ego juega malas pasadas. Está bien que hay que reafirmarse, creer en uno mismo y toda la milonga de autoayuda a la que estamos acostumbrados en los mil y uno decálogos (sí, yo también tengo el mío) para ser escritor/a. Pero, entonces, ¿cuándo se es escritor? ¿Al publicar un libro?

Publicar no es la panacea (preguntar a cualquier autor que haya publicado), no hay nada más que trabajo y más trabajo tras la publicación. Con las actuales circunstancias del mercado un libro de un autor novel tiene todas las papeletas de pasar inadvertido y desaparecer en pocas semanas. Especialmente si es de género fantástico, ciencia ficción o terror. Sí, hay excepciones, pero el que crea que su libro va a ser la excepción y se va a bañar en billetes como si fuera una estrella de cine, que se vaya retirando o buscando un lío con algún famosillo. Después está la autoedición. Yo me he publicado dos poemarios y también tengo un libro en Lulu.com. ¿Y? ¿Eso es todo? ¿Ya me puedo llamar escritor y codearme con el Reverte y sus coleguitas?

Las editoriales de co-edición me solicitan una cantidad nada despreciable por publicar mi trabajo. Si lo rechazo no les importará demasiado porque hay centenares, miles, de escritores que sueñan con publicar a cualquier precio. Ese sí es un negocio que vale la pena. ¿Cuánto se puede pagar por un minuto de gloria frente a tus allegados? ¿Cuánto cuesta ver tu nombre en una portada?

Así pues, publicar no define al escritor. Es una meta, por supuesto, una meta a la que se llega cargado de ambición, lucha y determinación, pero nada más. ¿Y después? ¿Existe vida tras la publicación? No sé vosotros, pero yo, tras firmar mi contrato de edición me siento un poco desvalido. Tantos años esperando el momento y sigo sin encontrar la paz en el camino. ¿Qué pasará el año que viene? ¿Publicaré los próximos libros que escriba? Las dudas son traicioneras y malas compañeras y no las quiero a mi lado aunque, en ocasiones, aparecen, asoman el hocico y los dientes. Las dudas tienen unos dientes horribles. Y esa es la clave que buscaba…

¿Por qué la definición de la profesión es tan abstracta? ¿Por qué uno es fontanero y otro se detiene a pensar cuando le preguntan? Soy profesor, o vigilante, o cocinero, o ama de casa, pero vocacionalmente soy escritor. Mi vocación, mi lucha diaria, mis desvelos, mi energía sangra en esa dirección. Ese es el momento en que uno sabe que es escritor, por las heridas sangrantes. No es la vergüenza la que nos hace ocultar la verdad, es el miedo al dolor, a las sonrisas irónicas de otros, a los juicios, al fracaso en la sociedad del éxito. Porque el que se encamina hacia la literatura se desnuda, se vuelve vulnerable y frágil, tanto que vive en una sucesión de crisis y triunfo, bloqueos y chorros creativos. Y el ego sube y baja como en una montaña rusa, a veces en lugar correcto, otras en las estrellas. Cuando la duda asoma yo también tiemblo. Lo siento por la mujer de esta mañana, no dudo de su gusto por la escritura y me alegro por ello, pero su afición sólo es eso, un sano pasatiempo, una expansión de su mente, una terapia creativa y enriquecedora. La pregunta que nos revuelve el espíritu y nos lanza violentamente contra la verdad de nuestra vida, ¿quién soy? ¿Soy estas manos, este rostro, estos libros con mi nombre? ¿Digo que soy escritor porque quiero ser aceptado; por creer que seré mejor persona; por orgullo; por convencimiento?

Cuando el Bodhidharma se presentó ante el emperador, éste le dijo: “He construido todos estos templos, altares y monasterios. ¿Cuál es mi mérito?” A lo que Bodhidharma respondió: “Ninguno.” El emperador montó en cólera, saltó en su trono y señaló al monje: “¿Quién eres tú para hablarme así en mi palacio?” Bodhidharma respondió: “No lo sé.”

CÓMO ESCRIBIR UNA NOVELA Y NO MORIR EN EL INTENTO (3)  

Posted by Guillem López Arnal in

Hace ya algunos años acudí a una conferencia que daba Luís Sepulveda en los ciclos Condición Literal, en Castellón. Nunca podré agradecerle lo suficiente sus palabras, pues me hicieron rumiar y comprender algunas cosas con respecto al hecho de escribir, qué escribir y dónde se sitúa el escritor en todo ese proceso.

Luís es un autor muy activo, socialmente hablando, en su país. Compagina la literatura con actividades de apoyo a organizaciones y asociaciones muy diversas. Durante la charla explicó cómo el artista, en este caso el escritor, se mueve entre lo estético y lo ético, algo que me resultó tan interesante como importante.

Entre lo estético y lo ético. Entre lo que se desea expresar y cómo expresarlo. Según la RAE, entre el conjunto de normas morales que rigen la conducta humana, y la percepción o búsqueda de la belleza. Al igual que en las entradas anteriores nos encontramos el eterno concepto del equilibrio y la dualidad. No puedo negar que me encanta hablar del tema.

Unos meses atrás abrí un hilo en un foro literario, que algunos de vosotros conoceréis, un tema sobre las influencias sociales en la obra de Tolkien. Pretendía profundizar un poco en cómo la sociedad y su moralidad afectan a la obra de los escritores. La verdad es que no tuvo mucho éxito.

Es más que evidente que el autor es permeable al entorno social que le rodea (y hoy en día el entorno ha pasado de la nación al continente y va camino del mundo global), sin importar el género que escriba. Uno puede pensar que es algo propio de la literatura social, de círculos literarios específicos, pero no es cierto. Aquello que nos rodea, el mecanismo social en el que nos encontramos inmersos, cargado de conceptos, de discriminaciones encubiertas, de juicios de valor y moralidad camuflada de libertad, afecta a cada palabra que escribimos.

Hay algunos temas, especialmente los ontológicos, que sólo cambian de aspecto, en la forma, y se mantienen en el fondo. Esa es la razón por la que funcionan los clásicos y por la que atendemos a ellos para explicar los héroes contemporáneos. En toda novela hay un Odiseo, un Edipo, una Electra, Hector. El “ser” es imperecedero y su conflicto también.

Sin embargo, hay otros aspectos menos ligados a lo universal de lo humano que entran en el terreno de la moral del autor, y la moral es cultural y perecedera. El concepto de bien y mal, cambia. Los sentimientos y su expresión también. Lo políticamente correcto no es más que otra expresión de la moralidad actual. Ya nadie escribe cuentos infantiles como lo hacían los Grimm. No es mejor, es diferente.

Por lo tanto, si atendemos a una ética como parte del hecho literario comprendemos que el autor se encuentra delimitado, en mayor o menor medida, con conocimiento de causa o alevosía de por medio, por su moral.

Es algo que subyace en todos los textos. Por leve o filosófica que sea la obra los sucesos narrados y el tratamiento de personajes va cargada con la moral del autor, que en todo momento se presenta como definidor del bien y del mal. Un buen ejemplo son los “remakes” de determinadas películas en los que el villano, con el paso de los años, se ha convertido en víctima o se redime en sus últimos momentos. El absoluto del bien y el mal está en crisis, en unos tiempos en que el estado de bienestar ha resultado ser una quimera y el escepticismo es cosa del día a día.

Uno, como escritor, no puede olvidarse de lo que cuenta, aquello que transmite en sus textos, pues aunque no lo pretendamos es algo que está ahí. Pensar lo contrario es engañarse. Se puede ser contenido y equilibrado, o se puede caer en la propaganda, lo uno es tan válido como lo otro. Pero lo que no se puede aceptar es el desconocimiento de las propias raíces. Uno elige premiar a los personajes que hacen el bien, o castigarlos con todas las desgracias bíblicas posibles; el mal puede triunfar (de hecho ocurre a menudo); narrar la historia de personas religiosas que son infelices en su hipocresía, o verdaderos creyentes en un mundo sin valores. Nada importa si no se sabe lo que el texto transmite al lector. Eso, como autores, depende de dirigir una mirada hacia dentro y ser conscientes de los por qué y el cómo, y no es tan fácil como parece.

Asturias, patria querida.  

Posted by Guillem López Arnal in

Me voy de vacaciones y me voy a Asturias. Llevo la libreta para ver si me inspiro por aquellos lares y para continuar con la novela que me llevo entre manos. Por cierto, ya tengo un título, os lo adelanto como primicia. La novela de terror en que trabajo se titula: "La puerta debe cerrarse" y no me refiero a la puerta del armario ni la del jardin. Bueno, pasad buen verano y hablamos en un par de semanas.

CÓMO ESCRIBIR UNA NOVELA Y NO MORIR EN EL INTENTO. (2)  

Posted by Guillem López Arnal in

Como advertí el otro día, voy a soltar una perorata sobre lo que entiendo por talento, según mi parecer y hasta donde llega mi entendimiento.

Por definición la Real Academia entiende por talento la aptitud o capacidad de un individuo en una tarea determinada. Todo el mundo tiene algún talento especial. A nuestro alrededor hay gente capaz de manejarse a la perfección con las matemáticas, expresar sus sentimientos a través de la música o la poesía, trabajar con las manos, conseguir la lealtad de muchos, conducir un F1, tocar un balón con los pies o nadar como pez en el agua. El talento existe, está ahí, por todas partes. Pero entonces aparecen sujetos que dejan al resto a la altura del betún. Mozart compuso sus primeras obras siendo un chiquillo, Newton no era más que un adolescente crecido y ya era famoso, Miguel Angel esculpió La piedad con ¡23 años! Y entrando en materia, ¿por qué Hemingway puede escribir el mejor primer párrafo de la historia de la literatura (lease El viejo y el mar. Y esto es una apreciación personal) y yo no?

Siento que no voy a desvelar ningún secreto. El talento está ahí, en el oscuro subconsciente de cada persona. Estoy seguro de que coincidiremos en esto. Tenemos talento, muchos lo hacemos bien, algunos más que bien, pero sólo unos pocos son genios. Aquellos que fueron los primeros en su disciplina, los que crearon algo nuevo, los que llegan al fondo de sus aptitudes, aquellos que llenan de vehemente determinación su vida (Remito a los ojos de Picasso. Que alguien observe sus fotografías y luego se mire al espejo)… Y eso me lleva a la segunda definición de la RAE y a la explicación que me sacará de este embrollo.

Talento: inteligencia, capacidad de comprender.

¿Capacidad de comprender? Eso me hizo pensar en algo llamado la dimensionalidad de los conceptos y que yo apliqué al talento y al hecho literario.

El autor dirige su escritura con respecto a la percepción que tiene del mundo. Dos de los factores que forman esa percepción subjetiva, y pilares del escritor, son la intuición y la empatía. El resto de factores, educación, entorno, cultura,… son externos, por lo tanto la intuición y la empatía son talentos innatos que forman parte de la capacidad de comprender. Mediante la intuición el creador de historias se convierte en una suerte de adivino con la ficción a un lado (la historia) y la realidad al otro (el lector. Toda obra va dirigida a un lector, es parte del contrato que se hace efectivo al poner el boli sobre el papel).

La intuición sirve para conocer las reacciones que provocan las palabras en el lector, por una parte, y para dar una explicación irracional a un mundo coherente. Las cosas ocurren y tienen una razón de ser, una lógica, aunque no podamos comprenderla. La novela, como la realidad, necesita una estructura sólida y creíble; aunque en ocasiones esas mismas normas puedan cambiar sin explicación. Digamos que podemos hacer creíble la desaparición de una ciudad entera y fatalmente artificioso un accidente de tráfico. Y no me refiero a la técnica narrativa, eso se aprende y entrena, me refiero al hecho de comprender que las cosas son así porqué son así, es una regla sobre el funcionamiento del mundo que sólo se comprende con la intuición y que se aplica al pasarlo al papel.

El budismo zen enseña a conocer la realidad con la intuición. Comprender la complejidad del mundo ayuda a desarrollar la intuición. Todo es complejo y sencillo, creible y ridículo. Los personajes actuarán correctamente y el lector creerá sus motivaciones son tan reales como irracionales. La intuición no sigue ninguna norma, explica lo irracional en lo real.

La empatía, según la RAE, es la identificación mental y afectiva con otra persona. El escritor debe ser una persona empática, además de un gran mentiroso. Ponerse en la piel de un enfermo terminal de cancer puede acabar en una lacrimosa historia sobre sus últimos momentos si reducimos la empatía y la persona a un cliché sentimental. La empatía no consiste en jugar a ¿Quién es quién? con personajes planos. Retratar seres humanos abarca muchas dimensiones que van más allá de lo que se ve. Y de nuevo entramos en el terreno de lo irracional. Hay que utilizar la empatía para alcanzar lugares que no se ven. Decir que un enfermo está triste o lleno de miedo a la muerte, que una recién casada es feliz, o un espía es frío como el hielo, no es utilizar la empatía. Es ir a lo fácil.

La empatía y la intuición harán que un personaje esté vivo en el papel y el lector así lo creerá, porque no es predecible, aunque sí lógico, como la vida real. No se puede prever la apertura de un portal dimensional, o la llegada de los alienígenas, aunque puede ser lógico y creíble, porque evidentemente están ahí y así se lo hacemos ver al lector. La violencia, el amor, el odio, la represión y el sexo pueden ser tan creíbles como falsos.

A pesar de todo, volvemos al principio. ¿Por qué no consigo expresar temor, ternura, pánico, felicidad,…? ¿Por qué tengo que utilizar dos mil palabras cuando otros lo hacen en cien? El maestro que “comprende” sabe qué palabra utilizar. La intuición guía sus pasos, la empatía le conecta a los otros. ¿Qué puedo hacer yo? Talento, maldición de los mediocres, causa de mis desvelos.

Entrenamiento. Perseverancia. Consciencia. Frente al teclado y en la vida.

En la próxima entrega os hablaré de mi parecer sobre la dimensionalidad del hecho literario. El escritor entre la estética y la ética.

La guerra por el norte en Myspace  

Posted by Guillem López Arnal in

Hola a tod@s. Hace ya algunos años me abrí una cuenta de Myspace donde colgar algunas producciones propias de música electrónica y ambient. He recuperado la página y la he dedicado a los temas inspirados e inspiradores de La guerra por el norte. Os invito a que paséis y echéis un vistazo. También podéis descargar las canciones. Pronto colgaré unos pocos temas más que estoy revisando en mis ratos libres. Espero que os guste.

CÓMO ESCRIBIR UNA NOVELA Y NO MORIR EN EL INTENTO. (1)  

Posted by Guillem López Arnal in

Si hay algo que les digo a todos mis conocidos es que escribir una novela no es en absoluto un hecho extraordinario. Lo realmente complicado es escribir una buena novela. Digamos que cualquier persona puede sentarse frente al ordenador y vomitar cien mil palabras, más o menos ordenadas, y contar una historia con mayor o menor coherencia. La única diferencia está en la práctica de la profesión y el talento del escritor. Así que con este pensamiento soy incapaz de negar la expresión artística de cualquiera. Si quieres escribir, hazlo; si quieres pintar, hazlo; si quieres esculpir en piedra, hazlo. Llevar la creatividad a lo cotidiano en cualquier área. Conócete a ti mismo, se justo con tu trabajo y con los otros, que tu ego te acompañe pero no guíe tus pasos hacia la ceguera. Es la mejor manera de crecer, paso a paso, en pos de la felicidad.

Suena un poco a folletín de autoayuda, pero es cierto. Encontrar la forma en que expresarse y además hacerlo bien es un reto que pocos se atreven a afrontar.

Alguien dijo: “todo poeta tiene un verso merecedor de la posteridad.” Así que, ¿por qué no escribir una novela? Al fin y al cabo, todo el que se lanza a la producción artística lo hace con el afán de hacerse escuchar. Mucha gente os dirá que no tienen don artístico, que es algo que sólo unos pocos disfrutan (es algo que a muchos otros gusta oír), pero eso es una falacia. Lo que pasa es que todavía no han encontrado el canal adecuado para expresarse ni el receptor de su mensaje. Se puede (y se debe) lanzar el mensaje hacia uno mismo, como objeto de persecución espiritual. Escribo para estar mejor conmigo mismo. Y se puede escribir para hacer efectivo el acto de comunicación con los otros; y cuantos más mejor. El escritor al uso escribe para ser escuchado y lucha por sacar adelante sus escritos, llegar a las librerías y que todos le lean. Tengo algo que decir y quiero contarlo, que sepan lo que siento respecto al funcionamiento del mundo, el mecanismo que mueve a los seres que me rodean. Voy a ejercer de demiurgo y convertir lo externo, a través de un filtro interno, en algo diferente e igual. Una historia que despierte interés en otros, sentimientos nacidos de una invención. El escritor es un gran mentiroso, o debe serlo, al menos cuando escribe.

Todo empieza con un gran interrogante. Es probable, en la mayoría de casos, que el escritor en ciernes escriba desde que tiene uso de razón. Muchos escriben diarios desde niños, inventaban historias para sus amigos, comenzaron una novela en sus tiempos de colegio, etc… Así que, uno se forma a la sombra de los libros y con un bolígrafo entre los dedos. Con la cercanía de la edad adulta el propósito comienza a vislumbrar y llega un día en que te dices, ¿quiero ser escritor? Una vez se plantea la pregunta la aparición de las respuestas queda sepultada bajo una avalancha de nuevas preguntas. ¿Qué es ser escritor? ¿Cuál es la meta? (algún día hablaré con calma de este punto y sobre si existe vida después de la publicación) ¿Estoy dispuesto a pagar el precio que exige la escritura?

No son preguntas fáciles de responder porque, como supongo ya sabréis, no hay un secreto que defina el camino correcto. Como ya he dicho antes, cualquiera se puede sentar delante de un ordenador, o una libreta, y escribir. El escritor concienciado, sin importar su estilo, lo hace desde el conocimiento del método y la técnica. Escribir desde la estructura mental y no desde los sentimientos atropellados. El escritor es un ordenador de palabras que construye una presa, retiene un caudal y lo administra para generar las emociones que la historia requiere. Todos los maestros son grandes dominadores de la técnica y el lenguaje. Pensad en la pintura cubista. Para desestructurar hay que saber estructurar, conocer la realidad para recrear la narración. ¿Y qué diferencia a un escritor técnico de un maestro? El talento, algo que no se puede enseñar pero se puede entrenar.

En conclusión, si se elije la escritura como canal de expresión, si se está convencido de que ese es el medio adecuado, si se estudia la técnica y el método, se pasan noches de insomnio tecleando, se puede presumir de estar en camino. Pero recomiendo huir de falsos mitos y sueños de éxito, eso sólo puede traer dolor y frustración, recaer en los errores y de vuelta al dolor. El fracaso va unido a las expectativas.

En la próxima entrada comentaré algo más sobre mi concepción del talento y la meta de la escritura como búsqueda interna.

Desde el infierno  

Posted by Guillem López Arnal in

Dante visitó el infierno de la mano de Virgilio, pero no escribió desde allí. Incluso escribir estas palabras me requiere un esfuerzo. Y es que las temperaturas de los últimos días no colaboran a mejorar mi espíritu creativo. Dejé de escribir la nueva novela en que trabajo hace ya bastantes días, aplastado por el calor omnipresente. Y ahora, como un cerrojo sobre mi voluntad, debo enfrentarme a la realidad.

En estos momentos los aviones de extinción de incendios sobrevuelan la terraza de mi casa. La operación se repite cada pocos minutos. Helicóptero va, helicóptero viene. Para los que no lo sepáis, mi única fuente de ingresos proviene de la vigilancia forestal. Paso ocho horas al día, seis días a la semana, vigilando los bosques de mi región. Desde ayer varias de las comarcas de Castellón han sido castigadas con las llamas. He hablado con bomberos que daban por perdidas extensiones enteras de pino y alcornoque; conozco gente que ha perdido sus tierras y la masía de su familia; amigos que eran evacuados con sus hijos recién nacidos bajo la amenaza de una tormenta de fuego a escasos metros.

Y vuelven los aviones a pasar sobre mi cabeza. Anoche llovió ceniza. Llovió ceniza… algo así deja una sensación de vacío en uno, un silencio desolado que imposibilita cualquier otro pensamiento y te detiene en el silencio.

Debía escribir la novela, trabajar por las noches y sacar adelante una nueva historia, pero el calor se deslizaba viscoso entre líneas y me llagaba las ideas. Debía actualizar el blog y hablar de algo, quizá un cuento zen que explicase la ansiedad creadora, el porqué me desvelo cuando no escribo. Pero con las llamas de los últimos días ya no tengo ganas de escribir, no hoy, tal vez mañana. Tal vez cuando ordene los sentimientos y me encuentre en algún paraje desértico, con las rocas tiznadas y los troncos quebrados apuntando al cielo. Dentro de unos días, cuando me enfrente a la desolada naturaleza que antes me inspiraba, volveré a escribir con un sentimiento nuevo, pero no mejor.

La música de La guerra por el norte  

Posted by Guillem López Arnal in

Hola a tod@s. Hoy pongo a vuestra disposición la música inspirada en mi novela, La guerra por el norte. Tengo la afortunada afición de componer mi propia música inspirada en fragmentos de los relatos que escribo. Pienso que el resultado es lo suficientemente aceptable como para compartirlo con todos vosotros. Espero que lo disfrutéis, tanto si habéis leido la novela como si no. Al final de la página principal del blog podréis encontrar un reproductor en que escuchar el tema principal con el título de la novela. En la página de Goear hay varios temas disponibles para escuchar. A medida que vaya registrando otras canciones las colgaré en la página. Si no se reproduce correctamente os recomiendo que desplegueis el repreductor en una ventana nueva. Un saludo a tod@s! Bienvenidos a Leyenda de una era. Bienvenidos a la aventura que cambiará el mundo.

El comienzo siempre parece grande.  

Posted by Guillem López Arnal in

En el Japón medieval existía una aldea, cuyo nombre no recuerdo, en la falda de una gran montaña. No había momento del día en que el sol alcanzase con su calor las casas de la aldea, y así era que los habitantes se habían acostumbrado a vivir entre las sombras. Un taciturno sentimiento inundaba cada rincón, con la dejadez y la abúlia de una vida sin sol. Una mañana, un anciano hastiado de aquella situación salió del pueblo en dirección a la montaña, armado con una cucharilla de té. -¿Se puede saber dónde vas? -le dijeron sus vecinos. -Voy a excavar la montaña para que el sol llegue a mi casa -respondió con la cucharilla en alto. -¡Con una mísera cuchara! -rieron todos- Sin duda está loco. Nunca podrá conseguirlo. -Tal vez no lo consiga -afirmó el anciano-. Pero alguien debe empezar.

Bloqueo que viene, bloqueo va.  

Posted by Guillem López Arnal in

En ocasiones me resulta agotador describir lo que siento. Después de meses de corrección, La guerra por el norte está lista para ser enviada a la editorial. La versión definitiva dista mucho de la primera copia del manuscrito que imprimí hace ya tiempo. Por una parte he mejorado el estilo narrativo de la obra y corregido los muchos errores ortográficos y gramaticales. Por otra, he articulado el argumento y perfilado los personajes, mejorado los diálogos que podían ser mejorados y ampliados, con la vista puesta en los puntos de enlace que tendrá la trama con la continuación de la saga.

Tanto tiempo con la atención puesta en un proyecto de esta envergadura me deja exhausto y agotado. Y es que intentar controlar una historia con una docena de hilos argumentales y más de un centenar de personajes requiere mucha, pero mucha, energía. Aunque en mi caso el ansia por controlar la historia se convierte en obsesión y, más tarde, en asfixiante bloqueo.

Yo, que ya había comenzado a escribir los primeros capítulos de la segunda parte, me he visto obligado a parar y volver al principio. Me sentía como un director de orquesta al que se le escapaba algún instrumento en plena sinfonía. Algo sonaba raro pero no podía escucharlo. Así que volví al principio. Retomé el archivo, volví a los resúmenes en fichas, a los esquemas y apuntes garabateados. Pero nada. Continuaba sin escuchar el conjunto que trataba de dirigir y conducir a buen puerto. Cuanto más corregía, mayor era mi obsesión por controlarlo todo, por cerrar cada trama, por convertirme en oráculo de la historia. Ser una especie de demiurgo todopoderoso tras las líneas y líneas de texto.

Así que en decidí dejar de preocuparme. Dar por bueno lo escrito, terminar La guerra por el norte y continuar mi trabajo con Dueños del destino. Nunca podré controlar esta saga, al igual que no se puede refrenar un río para siempre. Al fin y al cabo tendré que confiar en los personajes que he creado y no cerrar puertas a que ellos mismos elijan su propio destino.

En palabras de E.M. Forster, en su libro Aspectos de la novela: “Los personajes dejan, poco a poco, de obedecer al autor; han puesto cimientos sobre los que luego no quieren construir y, entonces, el propio novelista tiene que ponerse a trabajar para que la obra quede terminada a tiempo. Finge que los personajes actúan para él. Pero los personajes están ausentes o muertos.”

Y así es. Un bloqueo llega, un bloqueo se va.

Disparando a la luna  

Posted by Guillem López Arnal in

Hace mucho tiempo, en un lugar no muy lejano, uno de los más jóvenes guerreros se propuso alcanzar con sus flechas la luna. Cada noche salía a la soledad del campo y disparaba sus flechas hacia la redonda esfera luminosa que iluminaba la oscuridad. Todos riéron de su obstinación. Le tacharon de loco, de ingenuo. Nadie puede alcanzar con un arco la sonrisa felina de la luna. Pero él insistió en su empeño y disparó flecha tras flecha hacia el vacio, hacia silenciosa y lejana nada sobre sus desvelos. Tensaba la cuerda y entornaba la vista al infinito con la esperanza de acercarse al propósito final de su existencia.
Nunca consiguió alcanzar la luna. Pero se convirtió en el mejor de los arqueros.

Raghalak, la sed de poder.  

Posted by Guillem López Arnal in

Es la voz del rey, puño de la justicia, guardián de su casa, consejero y místico del Levvokan. Raghalak llegó al palacio del rey Abbathorn Levvo y se puso a su servicio con la única misión de convertirle en el más grande monarca de todos los tiempos. Su lealtad y sumisión a la causa de la familia real eran tan fuertes como su falta de escrúpulos. Y así, en pocos años, alimentó la sed de poder del monarca y sembró la semilla de La guerra por el norte.

Con su consejo el rey retomó la persecución de los llamados razaelitas, así como cualquier resto de las antiguas artes arcanas de brujos y hechiceros en Misinia. Preparó un ejército para someter al ducado rebelde de Bremmaner y presionar al vulnerable reino vecino de Aukana. Y se enfrentó al poder de la Orden de Vanaiar por el Sagrado Canon que los señores y el reino pagaban a sus clérigos guerreros.

El rey Abbathorn, que había heredado un reino en paz, sin enemigos como los que antaño habían asediado sus fronteras, se preparó para la guerra, la traición, el asesinato y la represión de sus súbditos. Todo gracias a la ladina presencia de un enjuto consejero de ojos viperinos y dientes limados como una sierra de marfil. Pero, ¿quién es Raghalak? Y ¿qué oculta tras su lealtad al rey que comenzará la más cruenta guerra de los últimos siglos?

Imagen: montaje sobre ilustración de Paul Booth. Last Rites ©1997

Contrato de edición, firmado.  

Posted by Guillem López Arnal in

Hoy he firmado el contrato de edición para La guerra por el norte con la editorial Grupo AJEC. Según esto la novela será incluida en la colección Excálibur Fantástica y publicada el próximo año. ¿No os parece maravilloso? Yo por mi parte estoy pletórico y lleno de ilusión por seguir trabajando y, a ratos, atacado por la ansiedad y los nervios. Resulta que, entre otros, tengo como compañeros de colección a David Prieto y sus Urnas de Jade, Max Khal y el Rey de Eiselorn, y a Leonardo Ropero con su novela La estrella oscura, así que como veis la colección Excálibur apunta alto, muy alto. Es difícil el mundillo de la literatura fantástica en castellano y sobretodo exigente con escritores de esta embergadura. En momentos así me viene a la memoria la frase de Henry James: "lo mejor en la literatura se produce gracias a los talentos del grupo." Y supongo que no hay nada más cierto que creerse en un mismo barco y salir adelante con mucho esfuerzo, trabajo y creatividad. Quiero agradecer a Raúl la confianza depositada en esta obra y desearle muchos éxitos con este elenco que va reuniendo bajo las siglas de AJEC. Os mantendré informado de próximos detalles.