Han nacido entre los hombres y abierto un camino espinoso y retorcido. Los marcados están entre ellos, por todas partes; a pesar de las persecuciones y matanzas, nadie ha podido detener el nacimiento de estos nuevos humanos porque ese es el destino de la raza. ¿O quizá sí se puede luchar contra el destino? Kali nació con el don de la muerte. Su madre murió en el momento en que ella emitió su primer llanto en los brazos de su padre, Jared. En la otra parte del mundo, Eadgard tiene el don de la vida. Siempre utilizado por la gente, explotado, convertido en una huidiza anguila. ¿Qué significa la aparición de estos dos poderosos adolescentes? ¿Realmente se encuentra unido su camino?
Desde los Montes de Bruma a los suburbios de Rondeimm, druidas, monjes, nobles, brujos y archimagos arcanos esperan el momento durante tanto tiempo anunciado. Es momento de cambio en los reinos del norte y la guerra de un rey loco se avecina como el crudo invierno. El mundo entero ha puesto sus ojos en La guerra por el norte y en los acontecimientos que desencadenará tal lucha de poder. Porque es el final de una era y, tras las montañas, alguien llega a Oriente. Alguien que la extraña raza de los Kudaw esperaban desde hacía mil años.


Cómo escribir una novela y no morir en el intento (4)  

Posted by Guillem López Arnal in

Ayer fue un día extraño. Me había tomado unos días libres en el trabajo para darle un tirón a la novela y desgastar un poco las teclas del ordenador. Llevaba semanas esperando estos días de “fiesta” que me permitiesen sentirme un poco más escritor. Levantarme por la mañana tempranito, seguir mi ritual de prensa, café, blogs, novela. Pero, sin embargo, nada ha salido como yo esperaba.

Me he plantado frente a la pantalla y no sabía cómo coger la página. La he mirado de un lado, la he mirado del revés y no había manera. Así que, como dicta el manual del buen escritor bloqueado, he cogido los trastos y me he metido con la música. Pero tampoco tenía las cosas claras y no acababa de gustarme lo que inventaba. En esas lides ya me había pasado media mañana y, antes de el pánico hiciese acto de presencia, en un acto de determinación, vuelvo a cambiar de ordenador y repaso un cuento que me llevo entre manos. Lo escrito me parece malo y lo por escribir, tartamudo. Ya era la hora de comer y yo con estos pelos. Antes de que el mundo se me viniese encima en forma de reloj y tic-tac por espada vengadora de acero toledano, me marcho a la piscina. El cansancio físico me dejará fino y dócil como un bebé, pero (sí ya son unos cuantos peros) no hay tu tía. El ordenador se me rebela y acabo viendo un documental convencido de que en realidad estoy haciendo labor de “documentación”. ¿Pero qué ha pasado que el día de la escritura se me ha convertido en el infierno de la escritura? Tantos días esperando este día y me he quedado compuesto y sin novia. Las expectativas son malas consejeras.

Y ¿cuál es el auténtico problema de fondo? Lo descubrí por la noche, después de ver una pésima película de terror. Basta con pillarse unos días libres en el trabajo para que las palabras se me escapen entre los dedos. Demasiada presión para tan poco tiempo. Sin darme cuenta me había traído de compañero de correrías al conejo blanco de Alicia. No tengo tiempo, no llego, no voy a llegar… y así me ha ido que me han cortado la cabeza y no me he dado ni cuenta.

Ser escritor es un mar de calma o una tormenta de ansiedad, un día sí y otro no. Buscando horas, o cuartos, para poder escribir una novela y no dejarte la salud mental en ello, o que, por lo menos, no te abandone tu pareja. ¿Hay alguien en el mundo más resignado que la pareja de un escritor/a? Cuando conocí a Leonardo Ropero le pregunté cómo lo hacía para trabajar fuera de casa tantas horas y además escribir dos finalistas del premio Minotauro. Pasando sueño, me dijo, pero cuesta, y tanto esfuerzo cansa, cansa mucho, añadió. Yo, por mi parte, después de dejar pasar un día libre sin adelantar nada de nada, me siento un poco tonto.

Recuerdo el año que escribí La guerra por el norte. (Aquí entra una cortinilla de esas que preparan para un flashback) Estaba en paro, escribía por la mañana, escribía por la tarde, todo el día en pijama, era tan feliz… Algunos que yo me sé estarán pensando: “mira el novatillo que pataleta se ha cogido. Pues prepárate chaval que esto es para toda la vida.” Y yo suspiro resignado. Admiro a los escritores que en un año sacan adelante una novela, algún cuento, una colaboración, mantienen al día un blog, dan un taller y encima trabajan por cuenta ajena porque alguien tiene que pagar las facturas.

Visto lo visto, está claro que más me vale acostumbrarme a este ritmo de vida. Es lo que hay. Y eso es lo que queda. Resulta que la literatura es una carrera de fondo, de resistencia, de las que no se acaba nunca y si no que se lo digan al recién fallecido Ayala, que ha estado en primera división más años de los que yo viviré. Resulta que te preparas durante años, haces calentamientos y, cuando suena la bocina sales corriendo como un potro desbocado lleno de energía. Quieto, animal, poco a poco, que no hay meta ni llegada, que es cosa de luchar cada día para escribir un párrafo y pensar: “mejor que ayer; peor que mañana.”

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7 comentarios

Madre mía, vaya guarrada. En fin, amigo, te deseo el mejor ánimo del mundo. Otro día se te dará mejor.
Un abrazo.

5/11/09 12:35

No lo sabes bien, Guillem...

pero, ¿sabes? El esfuerzo merece la pena cuando al fin lo consigues. No desfallezcas. Días malos los tiene todo el mundo... Incluso Leo!

5/11/09 14:31

Cómo no sentirme identificada con tus palabras... Ahora que no trabajo soy consciente de que muchos días son perdidos en cuánto a escritura. Quisiera más, desearía más, pero no se da. ¿Cómo lo hacía antes, cuando trabajaba, sacando horas de aquí y de allá?
También estudio y voy compaginando las horas del día, pero a veces se me escapan entre cotidianeidades, entre otras cosas que distraen. Mi problema ahora que he conseguido terminar la novela es la corrección final antes de imprimir y llevar a registrar. No estimula tanto la corrección como la creación, pero no quiero involucrarme en el siguiente proyecto grande hasta terminar este; apenas escribo algún relato corto para desintoxicar, pero nada más.
Te queda algún día más de fiesta, ¿no? Algo sacarás de ellos, tranquilo.

Dijo Oscar Wilde:"Me pasé toda la mañana corrigiendo las pruebas de uno de mis poemas, y quité una coma. Por la tarde, volví a ponerla."

5/11/09 15:05

Hola, Gillem. Tus palabras son como estar escuchándose a uno mismo. Tanto tiempo esperando tener un día libre o unas horas, tantos planes sobre qué vamos a escribir y llega el ansiado día y te quedas en blanco. Yo, en esos casos, recurro a algo que me suele dar buen resultado. Escribo lo que sea. Una frase dicha por cualquier personaje. “Escritura automática” lo llaman. Piensas una situación (de la novela o de un cuento en el que estés trabajando) y te lanzas, sin saber qué va a salir. Cualquier cosa. Te aseguro que no suele pasar mucho tiempo, cuando ya te has encauzado en la primera idea. Y luego sólo tienes que desechar lo inservible. Pruébalo.

Un saludo.

6/11/09 12:08

Gracias a todos por vuestro apoyo!! Esta misma mañana me he puesto delante de la pantalla y me he sacado 2500 palabras de la chistera!! Menos mal porque ya estaba con la soga de la ansiedad al cuello. Veremos cómo va el fin de semana... crucemos los dedos.
Un abrazo a todos/as!!

6/11/09 17:56

Bueno, un mal día lo tiene cualquiera. Hay días que no te sale nada y otros en los que te faltan horas, que ha venido la señora inspiración. Al menos así me pasa a mí. Mucha suerte con tus escritos. Y sí puedes pasarme la ficha de información de la guerra por el Norte, te lo agradecería, así podría ponerla en mi blog.

Un saludo y arriba ese animo creador de historias.

7/11/09 9:36

¿Pero cómo puedes decir que no tienes la musa encendida, con tremendo artículo que has escrito?

¡Madre mía! yo estaría satisfecha con sólo la mitad!

Escribir como dices, es una carrera de fondo, y no siempre se debe correr como un caballo desbocado, pues hasta en los momentos de descanso se está pensando en la escritura.

Besos!
Blanca

7/11/09 18:43

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