Han nacido entre los hombres y abierto un camino espinoso y retorcido. Los marcados están entre ellos, por todas partes; a pesar de las persecuciones y matanzas, nadie ha podido detener el nacimiento de estos nuevos humanos porque ese es el destino de la raza. ¿O quizá sí se puede luchar contra el destino? Kali nació con el don de la muerte. Su madre murió en el momento en que ella emitió su primer llanto en los brazos de su padre, Jared. En la otra parte del mundo, Eadgard tiene el don de la vida. Siempre utilizado por la gente, explotado, convertido en una huidiza anguila. ¿Qué significa la aparición de estos dos poderosos adolescentes? ¿Realmente se encuentra unido su camino?
Desde los Montes de Bruma a los suburbios de Rondeimm, druidas, monjes, nobles, brujos y archimagos arcanos esperan el momento durante tanto tiempo anunciado. Es momento de cambio en los reinos del norte y la guerra de un rey loco se avecina como el crudo invierno. El mundo entero ha puesto sus ojos en La guerra por el norte y en los acontecimientos que desencadenará tal lucha de poder. Porque es el final de una era y, tras las montañas, alguien llega a Oriente. Alguien que la extraña raza de los Kudaw esperaban desde hacía mil años.


Cómo escribir una novela y no morir en el intento (5)  

Posted by Guillem López Arnal in

El hecho literario, la acción por la que convertimos una invención en letras, sílabas y palabras, es en parte ciencia y en parte magia. Cada mañana, después de anotar sus sueños y pesadillas, el escritor/a se pone su bata blanca y frente a la pantalla, o sobre un cuaderno de cuartilla, agita el talismán de hechicero y utiliza las fórmulas matemáticas que aprendió en talleres y manuales. Así, más o menos, se crea un libro, aunque también se puede aplicar el mismo procedimiento para cualquier obra de arte. ¿Qué pretendo decir con esta delirante alegoría? Pues que la literatura es una dimensión en la que navegamos entre la técnica y el talento. Ya sé que hablé de talento en algunas entradas anteriores y no voy a repetirme, porque lo que me interesa ahora es la forma en que un escritor pilota su embarcación, unas veces con fuerza hacia su destino, otras se deja arrastrar por la corriente, esperando que su buen hacer le lleve a puerto.

¿Conoce el escritor cada recoveco de su novela? ¿Sabe, como oráculo de la antigüedad, el camino que sufrirán sus personajes? Bueno, en principio suena un poco estúpido preguntarse algo así, si no fuese porque el escritor/a, en la mayoría de ocasiones no tiene ni idea de lo que va ocurrir en su libro. Me explico.

La manera en se estructura una novela, pasando de la idea principal al esbozo del texto, es una de las primeras dificultades que nos encontramos cuando decidimos lanzarnos a la aventura de escribir. La idea se convierte en sinopsis, y ésta en un argumento desarrollado en el que comienza a aparecer un ritmo, unas escenas, puentes entre actos y giros del argumento que, se supone, deberían lanzar al lector al tobogán de la lectura. Sin embargo, no siempre resulta tan fácil como parece. A veces, la trama, sin una razón concreta, se desmorona o cambia de un capítulo a otro, los personajes deciden salirse con la suya y el escritor no puede hacer nada por evitarlo.

Hay dos clases de escritores (Hoy estoy un poco trillado, lo sé): escritores arquitectos o de mapa. Y escritores viajeros o de brújula. Veamos qué significa esto.

Un escritor de mapa es aquel que trabaja mucho la fase de construcción de la novela. Desarrolla el argumento y prepara los capítulos de forma minuciosa. De esta forma siempre sabe a dónde va lo que escribe. Conoce lo que pasará en los capítulos siguientes, las reacciones de sus personajes, y quién se muere o se salva al final. No hay demasiadas sorpresas y todo ocurre según lo previsto.

Un escritor de brújula es aquel que pasa de la idea inicial y la sinopsis, a trabajar el texto de la novela, dejándose llevar por su instinto y por las reacciones de los personajes. La trama se conduce a ella misma creando nuevas situaciones cuando lo requiere hacia un final más o menos claro en la cabeza del escritor. Un ejemplo claro de este modus operandi sería el idolatrado Stephen King, un tipo que se pone a escribir una historia que te engancha desde la primera página, de esas que te quitan el sueño, y que al final resulta ser todo obra de unos alienígenas o un espíritu o no se sabe muy bien lo que era que había matado a todos.

Conviene hacer una reflexión y saber qué clase de escritor, o cuál es nuestro procedimiento para sacar adelante una novela. Aunque no puedo recomendar un modo de trabajo a nadie, si puedo ver las bondades y maldades de ambos métodos. Cómo siempre que nos encontramos entre dos opciones, me decanto por el equilibrio en la cuerda floja. Escribir sin una estructura clara, abierto a cualquier cosa y dejando la trama en manos de los personajes es algo realmente difícil y que sólo unos pocos profesionales pueden sacar adelante. Sinceramente, yo lo he intentado y se me desparraman las historias como el delta de un río. Al final me meto en un arrozal, hasta el cuello de agua y sin saber cómo o por dónde escapar. Sin embargo es una opción que da frescura a los personajes, que sorprende al lector y hace ágil la novela. La creatividad no se planea. Por otra parte un guión preparado a conciencia por un arquitecto estricto se sufre menos al escribir, pero también carece de la creatividad del momento y un poco de frescura e improvisación no van mal. ¿No somos los seres humanos imprevisibles e ilógicos dentro de la matemática del mundo?

En mayor medida yo soy un escritor de mapa. Suelo preparar mucho las historias, especialmente los personajes. Pero cuanto más trabajas en un personaje, más independiente se vuelve, más real y autónomo. Intento construir un gran canal por el que fluya la historia, pero los personajes se me plantan y me convierto en uno de esos malabaristas chinos que hacen girar una docena de platos sobre palillos de bambú. Muchas veces me divierte descubrir a dónde llevan caminos insospechados que ellos eligen por su cuenta y riesgo. A veces me equivoco, a veces no. Es parte de la vida y, cómo no, de la literatura.

Para fomentar esos momentos de libertad creativa suelo practicar la escritura automática durante los diálogos. Afortunadamente tengo una rápida mecanografía y mi experiencia en el teatro empuja a mis personajes a mantener conversaciones de las que no siempre estoy seguro qué saldrá. En ocasiones todo va como la seda, según lo previsto, pero otras veces, unas cuantas, me pregunto: ¿pero por qué dijo eso? Y, entonces, todo sufre un violento cambio. El malo de la historia resulta que tenía sentimientos, o el bueno ha sentido celos o envidia o no podía soportar el peso sobre sus hombros del papel que le otorgué como héroe. Es la rebelión de los personajes. A veces sientes pena por ellos al verlos encerrados en un laberinto de sentimientos, a veces los odias. Una vez un personaje se me murió en los brazos, de repente. Acabé un párrafo y me había cargado al protagonista de la novela. En aquel momento me pareció bien, pero luego resultó ser una trampa y la novela en cuestión acabó en un cajón sin final donde guardo todos los proyectos no natos. Es un tétrico lugar; una especie de desahucio de la ficción.

El escritor/a es, en el fondo, un sado-masoquista que disfruta o sufre con el padecimiento de unos personajes que no habían elegido ser los protagonistas de esa historia que se le ocurrió durante un viaje en metro, al salir del cine o en la cola del registro municipal. Como un demiurgo en su cúpula celeste se dedica a tramar pruebas hercúleas en la carrera de aquellos hombres y mujeres hacia la magnitud de su existencia. Aunque también tiene sentimientos y, a veces, las líneas pesan como lápidas y los capítulos suenan a despedida. A pesar de todo, resulta que el creador suelta un resuello cansado de altas horas de la madrugada cuando acaba otra página, anota impresiones y sorpresas, se quita la bata blanca y despide a los demonios invocados. Otro día más de magia y ciencia en la cocina del poeta.

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5 comentarios

Pues no sé a qué conclusiones llegarías cuando hablaste del talento, pero tú lo tienes y mucho; como muestra, estas magníficas entradas.

Me da un poco de vergüenza reconocerlo, pero me ha encantado sentirme identificado con tu reflexión sobre los dos tipos de escritores. Lo de vergüenza es porque voy a tener que aceptar que ya me siento escritor, cuando comencé con esto tomándolo como un simple juego del que no sabía a dónde iría a parar.

En general me considero más de brújula. Por ejemplo, la novela que ahora me traigo entre manos surgió a partir de un sólo hecho concreto que me resultó atractivo. No tenía casi nada más. Dí cuatro pinceladas, y los primeros 5 capítulos están escritos y me gustan. La cuestión está en que ahora todavía no tengo claro por donde tirar, jajaj. Pero estoy seguro de que algo se me ocurrirá.

Gracias una vez más, Guillem.

12/11/09 9:22

Hola, Guillem. Me encanta como explicas el proceso. Es que es imposible no verse reflejado. Yo soy de brújula total. Los personajes me dominan casi por completo, hasta que me planto en jarras y les tengo que poner en su sitio. He intentado llevar un orden con la trama, con los capítulos, hacer “escaletas” sobre cómo será todo, pero no sirve. Ellos me pueden, y hay que reconocer que el instinto, ese que asoma cuando menos te lo esperas, es el mejor guía para mí. Puedo decir que hasta ahora me ha llevado a buen puerto, aunque siempre tenga que sufrir lo indecible para cuadrar la trama. Masoquista que es una. Yo también tengo una buena mecanografía y a veces los dedos vuelan, y para cuando quieres darte cuenta, el personajillo que apenas tenía dos líneas de diálogo, se ha hecho con la escena y el capítulo, y terminas preguntándote: y, ¿ahora que hago contigo? Eso sí, el final siempre lo tengo escrito, incluso antes de llegar a la mitad. Es algo que puedo modificar levemente, pero prefiero tenerlo muy claro. Me gustan los finales muy redondos, sin aristas y que exploten en la mente del lector.

Un saludo.

12/11/09 12:11

Me ha encantado esas clasificación que haces. Lo confieso: soy brújula.

¡Un saludo!

12/11/09 15:55

Yo estoy entre mapa y brújula, tengo una idea principal de la que no me escapo demasiado, pero es sólo una idea. A partir de ella, a divagar dentro siempre permitiéndome volver a la idea sin demasiada trauma.

Por cierto, he enlazado tu blog con el mio. Es un placer leerte y espero que La Guerra del Norte te traiga muchas alegrías.

12/11/09 18:28

Hola a todos! Gracias por vuestra visita y comentarios.

Velkar: de vergüenza nada que ya llevas en esto tiempo para quitarte complejos. Te deseo lo mejor con tu nuevo proyecto. Espero que sepamos pronto de él.

Luisa: Es imposible no sentirse reflejado cuando todos pasamos por lo mismo frente a la pantalla. Hay lejanía, pero el paisaje es el mismo.

Marta: gracias por tu confesión ; )

Coren: gracias por el enlace. De momento es la gente la que me da alegrías, jeje. La guerra por el norte es una hija rebelde que me lleva de cabeza. Estoy deseando que salga de casa y se busque novio.

13/11/09 17:16

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