El mensaje navideño del rey



Ha pasado un año y toca mirar atrás, descubrirse las huellas y las burlas de la sombra. En doce meses pasan muchas cosas y ninguna, y todo parece seguir su habitual y predecible devenir en el transcurso de lo inesperado. Desde lo pretérito de la profesión me encuentro que, por aquella época escribía como si no hubiese mañana, como si tuviese una apuesta con el diablo; una apuesta que andaba perdiendo. Ha sido un año duro, pero, como me recuerdo cada domingo por la mañana: a más dura la batalla, más dulce la victoria. Así fue que hace un año daba el último empujón a Dueños del destino, mi segunda novela. Recorría un camino pedregoso, de esos que, a veces, se pierde entre la maleza de las inseguridades y temores. ¿Es sano padecer de las mismas enfermedades que corrompen el mundo exterior? Las dudas son el peor enemigo de un novelista, sobretodo si se lleva entre manos una saga tan ambiciosa como la mía. Siente, si los sentimientos son ese frío y viscoso tentáculo que te agarra los pies en las noches invernales, que no puede fallar, que hay una deuda de sangre con los lectores. La sangre nos une, al fin y al cabo, los salpicones y las heridas de mi infancia, que yo escupo a las páginas y que otros leen en algún lugar.

En ese sentido, escribí, y lo hice bien. La novela salió a la luz en octubre y termina el año como la más vendida de la editorial este último mes. Mejoré, todavía no sé cómo o cuándo, pero mejoré. A día de hoy soy mejor escritor y eso cumple uno de mis deseos de año nuevo, ser mejor, como hombre y como narrador. La prueba de ello es que, además de Dueños del destino, puedo decir que casi todo lo que escribí este año fue publicado. Dos relatos en sendas antologías y un cuento infantil con el que colaboré en la antología Ilusionaria, a beneficio de los niños ucranianos que pasan sus vacaciones en Fuenteobejuna. También participaré en la Antología de Steampunk española con uno de mis mejores relatos hasta el momento, Tuercas y tornillos. Para terminar, estoy cerca de poner el punto final a mi próxima novela, un experimento literario de altos vuelos. Ha sido, con mucho, mi mejor año en lo profesional, y preveo un año nuevo repleto de trabajo y letras.

Sin embargo, al despegar la vista del ombligo, me encuentro un mundo convulso, en crisis. Me cuesta pronosticar nada bueno para el año que viene. Los malos presagios me pesan como una losa sobre la conciencia. El evidente golpe de estado de lo financiero sobre lo político despierta mis sospechas y, sin pretenderlo, no puedo más que vestir la máscara de la suspicacia y la desconfianza. El nuevo orden mueve sus fichas y se prepara para dar razones a conspiranoides e iluminados; el día en que todo comience descubriremos que hacía tiempo empezó todo. Así es, no somos más que cifras; la estadística se volvió sociología. ¿Cuándo perdimos la voluntad? ¿Cuándo renunciamos a ser seres humanos con una vida propia, libres? Quizá ha llegado el momento de vivir la distopía con la que tanto fantaseamos las tardes de borrachera. Es el año de la guerra silenciosa y el frente de batalla está a los pies de uno, cada mañana, al madrugar para ser otro, empujado a la amnesia por decreto.

Por eso quiero pedir dos cosas. No creáis a los que os dicen que tenéis un deseo, tenéis tantos como son necesarios, no hay que elegir, sed ambiciosos cuando se trate de la vida y la felicidad. Sé que es tiempo de dar, de entregar sin esperar nada a cambio, pero también hay que aprender a recibir antes de intentar ayudar. No se puede salvar al naufrago si no se aprende a nadar antes. Así que, mi promesa y petición es doble. Por una parte quiero continuar mejorando, ser mejor persona, librarme de las peligrosas maneras occidentales, volver a ser niño, regresar a lo que perdí la mañana en que un profesor me llamó payaso, ser yo mismo si eso es posible en este universo, alcanzar lo inalcanzable. Y que eso me sirva a la hora de escribir, de buscar el tuétano de la vida y arañar la superficie de lo que nos hace humanos y divinos.

Mi segundo deseo, irremediablemente, va unido al primero. Quiero un mundo mejor, algo que se pueda llamar utópico sin avergonzarse. Un lugar con gente de corazón y mente sana, sin miedo, sin violencia. Rezaré porque así sea. Y aportaré lo mejor que tengo, yo mismo y mi actitud.

Felices fiestas a todos y un próspero año nuevo.

3 comentarios:

Sawayn on 24/12/11 18:40 dijo...

Siempre es un gusto leerte. ¡Felices fiestas!

Guillem López on 26/12/11 09:33 dijo...

Gracias. Felices fiestas!!

ummo on 28/12/11 11:09 dijo...

Buenos deseos que yo también deseo que se cumplan. Felices fiestas.

 

Leyenda de una era Copyright © 2008 Black Brown Art Template by Ipiet's Blogger Template